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Le pidieron una lágrima para Baldr.

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Yegor

registrado: 11-11-2004
respuestas: 276

César González-Ruano

No sé si César González-Ruano cuenta con algún admirador en el mundo, aparte de gentuza del tipo de Francisco Umbral o Juan Manuel de Prada, pero acabo de leer unos comentarios sobre él que me parecen lo suficientemente elocuentes como para ahogar sus libros en ácido sulfúrico:

Cita:
Estuvo en la cárcel mientras los alemanes ocupaban París, porque él habia descubierto un gran negocio que consistía en facilitar unos pases a los judíos que salían de Francia huyendo de los alemanes para pasar a España. Él les daba unas tarjetas con unos signos misteriosos para que un supuesto individuo en un pueblo de la frontera los pasara. A cambio de ese pase, César se quedaba con todo lo que tuvieran los judíos. El único problema es que cuando los judíos llegaban a la frontera nadie los esperaba ni nadie entendía esa tarjeta, de modo que los apresaban y los mataban o los metían en los campos de concentración.
16-10-2005 a las 12:25
Anacrusa

registrado: 18-03-2004
respuestas: 4219

Re: César González-Ruano

Hay algo que nunca lograré dilucidar del todo: la unión de la persona y de la obra o la separación. Sobre todo en literatura parece que eso debe ser una amalgama, que un arte hecho del propio pensamiento, debe ser el reflejo exacto de la personalidad de quien lo expresa, pero no es así y han sido infinitas las ocasiones en que lo he comprobado. Por eso procuro no saber nada de los escritores a quienes admiro. Aún no estoy lo suficientemente preparada, ni tengo la distancia ni la edad para poder despreciar a un hombre y admirar al escritor que es.

Sospecho que pocos habrá aquí que conozcan a González Ruano y quiero confirmar la información que das, Yegor. Mi infancia ha estada rodeada de tabúes literarios. Mis padres jamás pudieron separar la persona de la obra (eran enormemente apasionados) y literalmente prohibían la lectura de personas como González Ruano: "Un delator, un bellaco, un mal nacido, un miserable..." Así he oído mencionar a ese hombre en mi casa desde que tengo uso de razón. Cuando Umbral comenzó a jalearlo, mi padre me decía lo de que Dios los cría...

Pero "Mortal y Rosa" es mortal y rosa y nadie duda ya la catadura moral de Umbral.

Cuando llegué a la edad de la contestación y de la transgresión, leí a González Ruano que me había sido vetado y he de confesar que, con dolor de corazón y hasta con vergüenza, me pareció un escritor fascinante. Me atreví a comentarlo en casa. Mis padres me miraron como quien mira a un engendro, pero con argumentos sobre la libertad y la represión, logré incluso que mi padre leyera una pequeña cosa. Su disgusto fue descomunal. Tirando lejos de sí lo que había leído, con un gesto parecido al que ponía cuando leía en la prensa alguna declaración de Franco o sus secuaces, me dijo que lo lamentaba profundamente, pero que era un magnífico escritor. Mi padre era catedrático de Literatura, hasta la sanción de Franco, por la que no pudo volver a ejercer la docencia, pero gran parte de su vida la dedicó a su vocación, que es lo que era la literatura (como la política) para él, mucho más que una profesión. Después me hizo una declaración tajante: Moriré sin haber leído la cuarta parte de lo que me interesa leer y, por magnífico que sea, no volveré a tener en las manos nada que haya salido de la pluma de ese miserable.

Yo seguí leyendo lo que escribía e incluso sus magníficas entrevistas durante mi tiempo adolescente, pero desde entones a ahora, no había vuelto siquiera a pensar en él. Me lo traes y vuelve a mí la duda. Como con la historia de no poder oír a Wagner los judíos. No lo se, aunque sí se que siento cierta vergüenza cuando leo, oigo o disfruto de algo producido por alguien a quien detesto, pero por otro lado...

Traigo aquí una pequeña información para ilustrar la cosa.

Un saludo y feliz domingo, Yegor y todos.

_____________________________

Diálogos contra el olvido

César González-Ruano (1903-1963) adivinó su destino de ilustre olvidado cuando dijo: «Esta profesión lleva en el tuétano la maldición del olvido». Se refería al Periodismo, del cual es uno de los máximos representantes de este siglo. Sus artículos tenían a menudo el valor de una noticia y ocupaban un espacio de primera plana; eran piezas «bellas y gratuitas» como ha dicho Francisco Umbral, de una gran percepción que acumulaban detalles, sensaciones y paisajes. Estaban recorridas por cierta vaguedad melancólica, el constante barroquismo lírico del autor, y una mezcla de gracia, cinismo, ternura e ingenuidad. Uno de los textos más célebres de esta estética fue «Señora: ¿Se le ha perdido a usted un niño?», galardonada con el Premio Mariano de Cavia en 1932.

César González-Ruano fue algo más que un periodista el uso. Fue todo un personaje: paseador noctámbulo enamorado del viejo Madrid, dueño de una complicada vida íntima, iconoclasta, fantaseador de sí mismo, perseguido y aun amenazado de muerte en ocasiones. En 1933 inició un largo período de nomadismo espiritual y cultural que le llevó como corresponsal a Berlín y a Roma, donde coincidió con sus amigos Rafael Sánchez Mazas y Eugenio Montes; y también a Francia, concretamente a Vilefranche, junto a una impulsiva y patriota Raquel Meller recibió la noticia del Alzamiento Nacional. Y luego a París, tomado por los alemanes. Además de sus crónicas, y de algún incidente dramático como su confinamiento en 1942 en la cárcel de Cherche-Midi (al cual dedicó un impresionante poema largo: Balada Cherche-Midi), tras ser apresado por la Gestapo, aún tuvo tiempo de redactar algunas de sus mejores obras como la biografía de Mata-Hari o la novela Manuel de Montparnase, basada en la vida y la obra de Manuel Viola. Cuando todo el mundo esperaba que regresase a Madrid, se fue a Sitges, donde trasnochaba, sufría temblores que le llevaron a decir que «padecía una mala salud de hierro», mantenía tertulias con jóvenes poetas; parecía fuera de sí o exasperado por la embriaguez, los cigarrillos, las sombras de la noche y el perpetuo insomnio. O los fantasmas del pasado. Felizmente, volvió a la capital y así se recuperó al gran escritor que siempre había sido, al hombre que no había descuidado su vasta producción de narrador y cuentista en títulos como César o nada (Premio Café Gijón en 1951), Circe o Dos cuentos italianos; de poeta de mérito, ultraísta en sus inicios: Francisco Rivas recogió su Poesía en Trieste en 1983; gran memorialista en Mi medio siglo se confiesa a medias, que apareció por entregas en El Alcázar, y Diario íntimo, ambos de 1951, y varias biografías de Zola, Baudelaire, Oscar Wilde y Goméz Carrillo, a quien reconocía por maestro.

Entre noviembre de 1953 y junio de 1955 volvió a dar muestras de su gran calidad con constantes artículos ­Manuel Alcántara, amigo y discípulo, dijo que posiblemente habría escrito cerca de 30.000­ y con ochenta entrevistas a personalidades de la actualidad española e internacional, que fueron recogidas en Las palabras quedan (Conversaciones), volumen que en su tercera edición, tras las de 1957 y 1965 de Afrodisio Aguado y Fermín Uriarte, ha rescatado Mapfre, que está reeditando los libros mayores de Ruano. Igual conversaba con futbolistas como Kubala, Di Stefano o Samitier, que con toreros como El Litri, Domingo Ortega o Luis Miguel Dominguín, aunque se percibe que con quien se siente más cómodo es con los escritores (Azorín, Baroja, Pérez de Ayala, Agustín de Foxá, Fernández Flórez, Sánchez Mazas...) y con figuras universales como Orson Welles, Somerset Maugham, Maurice Chavalier, Dolores del Río, Josephine Baker, Gregory Peck y Jean Cocteau, entre otros.

Tal como proponía Manuel del Arco, González-Ruano lo tenía claro: el buen entrevistador debe estar a la altura del entrevistado y dejarlo antes bien que mal. Y a ello se aplica en un admirable ejercicio de estilo de carácter impresionista. Desnuda a sus criaturas a golpe de intuición y ofrece así toda una variedad de recursos casi inagotables: su capacidad para descubrir los ángulos de trastienda de un personaje (pensamos, por ejemplo, en D'Ors y sus amores secretos como aquella enamorada imposible, Úrsula, la Bien Plantada; en la obsesión por la soltería de Fernández Flórez; en la joven Rosie, cuyo recuerdo pone «los ojos casi húmedos de hiedra remota» de Maugham), su facilidad para el retrato, el clima de confianza que sabía crear de inmediato que daba lugar a la confidencia, la atmósfera del diálogo o la ajustada descripción física y espiritual, su talento para la fisonomía. Así presenta a Azorín: «Está Azorín correcta, elegantemente vestido, con un traje gris cruzado, corbata azul, camisa blanca, nítida. Los años le han ido concretando físicamente, dándonos un Azorín sintético, estilizado, severo, un Azorín puntuado en párrafo corto: un misterioso sajonismo ideal ha emergido del levantino de ayer, y este Azorín de hoy parece el hermano aristócrata y lejano que ha vivido en Londres, soñando con la vieja España, tal vez con Monóvar y Yecla».

Casi todas las entrevistas son actas de un encuentro excepcional, con prodigiosas descripciones y preguntas inesperadas, formuladas a voleo. Aunque también hay una obsesión por trazar existencias y trayectorias completas como sucede con Agustín de Foxá o en la entrevista imaginaria a Ramón Gómez de la Serna, uno de los maestros de González-Ruano, llena de sugestivos matices como éste referido a Carmen de Burgos: «Con ella aparece en mí lo excepcional, el amor compatible con el ser literato. Ella vivía, aunque pobre, de sus artículos. Hermosa, andaluza, en la plenitud de sus treinta años. Ella de un lado y yo de otro de una mesa estrecha, escribíamos largas horas». Entrevistas, sí, pero también crónicas contemporáneas en las que se funde una admirable prosa de madurez con la percepción de vidas ajenas, es decir, literatura e historia, o friso de época, enriquecidas a veces con detalles inesperados del propio autor: «Yo tuve en alguna ocasión veinte mujeres a la vez, pero me daba miedo quedarme con una».

Antón Castro

[editado por Anacrusa el 17-10-2005 a las 11:03]

_________________________________
Anacrusa

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

16-10-2005 a las 13:09
Anacrusa

registrado: 18-03-2004
respuestas: 4219

Re: César González-Ruano

EL MOLINO DE PAPEL, nº 45, Febrero 1966

CESAR GONZÁLEZ RUANO

La idea fija

(El alma con dolor de piernas suplicando a la
noche sus pretextos)

No es eso no
es otra cosa
adivínalo.
No es eso no
se parece como una noche a otra noche
piénsalo.
Como una mañana a otra mañana
como una flor al sitio donde ha estado una flor
dímelo.
Palabra por palabra dime tú
a ver si es igual que siempre
explícamelo.
No es eso no
se parece
como yo me parezco al otro yo.
Dímelo
a ver si era así.


Alguien

Rigurosos hielos le están cercando
(Lope de Vega)

Hay alguien que nos mira
no sé si le han nacido los ojos todavía
si tiene manos para mover el aire
que arranca con las uñas
del muro acobardado de la tarde.


César González Ruano: El poeta a su obra

Poesia: ansia de no morir.
Y honda sospecha
de que he de morir para que vivas
sin mi antipatica presencia.

Hija a la que estorba un padre loco,
lograda ya su plenitud perfecta.

_________________________________
Anacrusa

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

16-10-2005 a las 13:14
Yegor

registrado: 11-11-2004
respuestas: 276

Re: César González-Ruano

Cita:
quiero confirmar la información que das, Yegor

En ese caso, bueno será que cite la fuente: es el libro de Diego Galán "La buena memoria de Fernando Fernán-Gómez y Eduardo Haro Tecglen", de conversaciones entre ámbos.
16-10-2005 a las 14:24
Anacrusa

registrado: 18-03-2004
respuestas: 4219

Re: César González-Ruano

Cita:
Yegor escribió:
En ese caso, bueno será que cite la fuente: es el libro de Diego Galán "La buena memoria de Fernando Fernán-Gómez y Eduardo Haro Tecglen", de conversaciones entre ámbos.


Ese sí. Es un libro precioso, lleno de pasión y de melancolía y los dos que charlan, son referencia, admiración y una constante para mi.

Que lo disfrutes tanto como lo disfruté yo.

_________________________________
Anacrusa

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.
16-10-2005 a las 16:37
Simone Weill

registrado: 21-09-2005
respuestas: 67

Re: César González-Ruano

No he leído nada de César González-Ruano, y, la verdad, he escuchado muy poco hablar de él. Tal vez sea porque como persona, era un ser despreciable. A mí eso, realmente, es lo que menos me importa. No busco a la persona, busco al artista.
Tal vez muchos mitos caerían al suelo si supiéramos cómo son realmente. ¿No dicen que Quevedo era un misógino? Aún así, fue capaz de escribir uno de los poemas de amor más hermosos (..."polvo seré, más polvo enamorado"...) que he leído. Por lo que tengo entendido, Mahler no permitía a su esposa, Alma, que desarrollara su carrera como compositora (probablemente porque era mejor que él, y él lo sabía) y aún así no voy a dejar de escucharlo.
No se trata de llevarme a la cama a Mahler, Quevedo, o César González-Ruano, se trata de llevarme a la cama a la sinfonía nº 5 de Mahler, "Érase un hombre a una nariz pegado..." o ese poema tan hermoso, "Alguien", que Anacrusa ha insertado más arriba.
Por eso, muy a mi pesar, habéis despertado mi interés en CGR, y debo admitir que tengo ganas de leer algo suyo.

Saludos

_________________________________
Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio. (Chejov)

18-10-2005 a las 18:11
Yegor

registrado: 11-11-2004
respuestas: 276

Re: César González-Ruano

No sé muy bien de qué estamos hablando aquí.
¿Es comparable ser misógino o coartar la carrera de una mujer con robar y enviar a judíos a campos de concentración?¿Entra todo eso en el mismo saco de "rarezas"?
No entiendo nada.

18-10-2005 a las 21:57
Simone Weill

registrado: 21-09-2005
respuestas: 67

Re: César González-Ruano

No, Yegor, no es comparable, ni mucho menos. Pero para mí, tan despreciable es un misógino como un antisemita. Está bien, Quevedo no enviaba a mujeres a una muerte segura como CGR hizo con los judíos (repugnante y despreciable animal), pero lo que te quiero decir es que no se puede negar que esa bestia escribía muy bien (me baso en los ejemplos de Anacrusa) y eso es lo que a mí realmente me importa cuando tengo un libro en la mano.
Para mí es comparable a despreciar a los escritores que apoyaban a Franco durante el Régimen. Lo siento, no sólo de comunistas vivía la literatura.
Porque no hablamos de personas, hablamos de literatura. Además, lo más seguro es que cuando lea a CGR lo disfrute y después, avergonzada, me olvide de él para siempre.

_________________________________
Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio. (Chejov)

19-10-2005 a las 16:09
Yunque
registrado: N/A
respuestas: N/A

Re: César González-Ruano

Alberti firmó varias penas de muerte siendo comisario del PC. Pero sus poemas no.

Picasso maltrataba sistemáticamente a las mujeres con las que convivía. Pero sus cuadros no.

Nietzsche iba de putas. Pero sus libros no.

Gesualdo era un asesino. Pero sus motetes no.

Oscar Wilde era pederasta. Dorian Grey no.

Mejor no sigo....

saludos

www.cumbresborrascosas.net

02-12-2005 a las 06:37
Pedraza
registrado: N/A
respuestas: N/A

Re: César González-Ruano

Yunque es necio. Sus escritos también.

02-12-2005 a las 12:14
Pacorro Garufo
registrado: N/A
respuestas: N/A

Re: César González-Ruano

Alberti no firmó pena de muerte alguna porque jamás tuvo competencias para ello.
Wilde no era pederasta, era homosexual. Deberías entender la diferencia.

02-12-2005 a las 12:23
pascual
registrado: 04-12-2005
respuestas: 4

Re: César González-Ruano

González Ruano, César

Alguien, cuando pase el tiempo,
y encuentre mi calavera
el tiro que no me he dado
buscará en la sien entera.
Y en las cuencas de mis ojos
querrá adivinar tal vez
lo que ví.. cuando veía
y que nunca miré.

A ese piadoso erudito
que busque el paso borrado
-¡un débil paso terreno!-
de la vida de un cansado
de sí mismo, quiero dar
esta confesión tardía
resuelta en un epitafio,
pues que puedo todavía.

Vino, venció. Fue vencido
en lo que quiso vencer.
Escribió, y en el tintero
dejó lo que quiso hacer
por hacer lo que quisieron.
Y se fue.


Sobre quién era aquel que dijo....

04-12-2005 a las 23:59
lector GR
registrado: N/A
respuestas: N/A

Re: César González-Ruano

Cita:
Yunque escribió:
Alberti firmó varias penas de muerte siendo comisario del PC. Pero sus poemas no.

Picasso maltrataba sistemáticamente a las mujeres con las que convivía. Pero sus cuadros no.

Nietzsche iba de putas. Pero sus libros no.

Gesualdo era un asesino. Pero sus motetes no.

Oscar Wilde era pederasta. Dorian Grey no.

Mejor no sigo....

saludos

www.cumbresborrascosas.net
09-12-2005 a las 20:17
El Tostado
registrado: N/A
respuestas: N/A

Re: César González-Ruano

Otro que repite lo mismo.
Además de necio, loro.

10-12-2005 a las 02:55
rastapopulos

registrado: 23-03-2004
respuestas: 530

Re: César González-Ruano

El muelle flojo de Umbral

Hace años tuve una polémica con Francisco Umbral que acabó cuando escribí un artículo titulado Sobre Borges y sobre gilipollas, donde el gilipollas no era Borges. Desde entonces, en lo que a mí se refiere, Umbral ha permanecido mudo; cosa que en un teclista con su logorrea –«escribe como mea», dijo de él Miguel Delibes– supone un prodigio de continencia. Pero el tiempo pasa, la edad termina aflojándole a uno el muelle, y ahora vuelve a meterme los dedos en la boca. El estilo, o sea. Al maestro de columnistas no le gusta mi estilo literario, y le sorprende que se lean mis novelas. También, de paso, le parece inexplicable que nadie lea las suyas, ni aquí ni en el extranjero. Que fuera de España no sepan quién es Francisco Umbral, eso dice tenerlo asumido: su prosa es tan perfecta, asegura, que resulta intraducible a otras lenguas cultas. Pero no vender aquí un libro lo lleva peor. No se lo explica, el maestro. Con su estilo. Así que voy a intentar explicárselo. Con el mío.

Francisco Umbral tiene –y nos lo recuerda a cada instante– la mejor prosa de España. También cultiva una imagen, más social que literaria, inspirada en el malditismo narcisista y la soledad del escritor incomprendido y genial. Pero eso es cuanto tiene. Nunca pisó una universidad como alumno, ni leyó un clásico, ni tuvo una formación que trascendiera la cita, el plagio entreverado y el picoteo de lo ajeno. La lectura tranquila de sus libros y columnas sólo revela frivolidad superficial, incultura camuflada bajo la brillante escaramuza del estilo. En realidad, Umbral nunca tuvo nada que decir. La idea, el comentario o el libro citados en abundancia aquí y allá –a menudo de forma incorrecta, como ocurre con Borges y la Biblia, entre otros– casi nunca provienen de lecturas directas, sino que delatan la tercería de la revista, suplemento cultural, antología o texto ajeno donde fueron espigados. Sospecho, además, que Umbral anda muy flojo de lenguas, lo mismo vivas que muertas, aunque para el estilo le baste con la que tan bien maneja. Y en cuanto a la gran novela básica, la que forma los cimientos de todo novelista sólido, su ignorancia resulta asombrosa en un escritor de tales pretensiones. Por eso resulta esclarecedor que, en sus innumerables intentos frustrados de novelar, mencione siempre con desprecio a Cervantes, Galdós, Dickens, Tolstoi, Dostoievski o Baroja, y entre los contemporáneos, a Marsé, Mújica Lainez o Vargas Llosa; o que cometa la bajeza de situar al honrado José Luis Sampedro o al dignísimo e impecable Luis Mateo Díez a la misma altura que a Mañas, el chico del Kronen. En esa línea, las universidades sólo valen para algo cuando invitan a Umbral, y le pagan. Igual que los premios literarios, el Cervantes o la Real Academia: sólo tienen prestigio si él los consigue.

Y es que Umbral no escribe literatura: él es la literatura –«Borges y yo», afirmaba sin complejos hace unos años–. Y si la gente no lo lee, es porque a la gente no le interesa la literatura; no porque no le interese Umbral, ni porque repugne, por ejemplo, el sexo turbio que impregna sus novelas; más turbio aún cuando imaginamos al propio Umbral practicándolo. Un personaje de quien Jimmy Gimenez Arnau –que no se diría, en rigor, espejo de virtudes– ha escrito: «Padece cáncer de alma».

La cita no es casual, porque, además de ser un periodista que nunca dio una noticia, de que en sus novelas y columnas no haya una sola idea, y de alardear de una cultura que no tiene, lo que trufa toda la obra de Umbral, desde el principio, es su bajeza moral. La «infame avilantez» que, ya metidos en citas, le atribuyó la poetisa Blanca Andreu. Siempre estuvo dispuesto a despreciar a novelistas ancianos o fallecidos como Gironella, Aldecoa, o el Cela a cuya sombra en vida tanto medró –y a quien dedicó, caliente el cadáver, un librito oportunista e infame, escrito, eso sí, con estilo sublime–, o a insultar y señalar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le negaron sus favores; aunque esto lo hace sólo cuando no pueden defenderse y sus maridos están muertos o en la cárcel. Tan miserable hábito no lo mencionaría aquí de limitarse a lo privado; pero es que Umbral tiene la bajunería de salpicar con él su literatura. Su bello estilo. A todo eso añade una proverbial cobardía física, que siempre le impidió sostener con hechos lo que desliza desde el cobijo de la tecla. Pero al detalle iremos otro día. Cuando me responda, si tiene huevos. A ver si esta vez no tarda otros cinco años. El maestro.


APR

_________________________________
In Vino Veritas
Plinio El Viejo

18-12-2005 a las 13:55

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