jredondo
registrado: 27-08-2006
respuestas: 353
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A este lado del paraíso - Joseph Brodsky
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Os dejo una crítica mía inédita que andaba por el cajón al dejar de publicarse la revista en que colaboraba. Como es un libro y un autor que merece mucho la pena he pensado que podría seros de interés.
Decir que esta crítica nace no sólo del libro sino de una conversación que tuve con otro de los críticos de aquella revista, venía a decir que se había convertido en un trabajo previsible, que todo el mundo decía más o menos lo mismo (en el fondo y también en la fórmula: el libro es de fulanito que es..., trata de..., me recuerda a..., el autor es... y el libro me parece..., algo de sal y media docena de citas y a tirar millas.
Lo decía desde una perspectiva de ¡bah! es ua actividad sin mucho sentido literario.
Frente a esta opinión y sin discutirle la cuestión pues en gran medida es así lo que se lee pensé que debía haber formas literarias de acercarse a los textos literarios.
Los siguientes artículos que escribí nacen con ese propósito y con una sola idea, transmitir, a ser posible "sin condimentos" ni de la gramática de los críticos ni ingerncias autorales del propio crítico lo que el texto dice y es, sin más. Si a los lectores les da buena sensación se harán con el libro si no no, pero no será porque haga de "medium" del gusto. Y sobre todo nada motiva hacer una escritura convencional, asi que no lo es.
A partir de aquí esto supone que cada críttica literaria ha de plantearse una estrategia específica y única para ese texto. Por ejemplo, es facil decir "Brodsky, poeta nacido en al sitio en tal año, premio nobel en tal otro año...", eso es narrar, pero mejor será abrir con la poesía del propio Brodsky... le tengo que decir al lector entonces que se trata de un poeta? ya no, le tengo que decir sobre qué o como escribe? ya no. Segundo punto de la estrategia, utilizar la mímesis del lenguaje, porqué en este caso... porque su escritura tiene un ritmo de ir y venir, algo propio de las mareas de Venecia, algo peculiar y propio del texto. Tercera parte de la estrategia, el texto rezuma simbología cristiana e intimidad, eso ha de reflejarse. Cuarta parte el lenguaje y las frases a utiizar tienen que saber y ser Brodsky porque esto le refleja al lector de la crítica la materia de que está hecha el libro que va a leer.
En consecuencia la crítica excluye el juicio y se convierte en un texto sintético que contiene la imagen y las imágenes del libro en cuestión. Nada hay más, la crítica pues no se parece a "otras críticas" sino al libro en cuestión, aunque abre el foco a quién es el autor, a su contexto y a sus otros textos, sin subvertir la razón poética que establece todo.
Lógicamente esto provocó un tiempo anormalmente elevado para escribir la crítica, un tiempo que un "profesional" (que viva entre otras cosas de cobrar sus críticas, difícilmente asumiría hacer), en mi caso el reto era dotar de nuevo de sentido a la actividad literaria que es realizar críticas.
Dcho todo este rollo, les deo el resultado de aquel empeño, al que han sucedido otros, de ese nivel, estén en un cajón, en un foro o en la revista X no quiero bajarme. Las críticas en consecuencia no deben hablar de libros, sino en cierto modo "ser" los libros, y muy en particular transmiir -no narar- su efecto poético.
Al fin, ahí va el texto, decidme vuestra opinión.
A este lado del paraíso
Joseph Brodsky
Marca de Agua
Ed. Siruela. Madrid, 2005.
Traducción de Menchu Gutiérrez
92 páginas. 13,90 euros.
Crítica deJosé Antonio Redondo
Dice el autor de Marca de Agua en uno de sus poemas “Nací y crecí en las marismas del Báltico, frente / a las olas color de zinc, que de dos en dos vienen siempre. / De ahí, todas las rimas, de ahí, la voz tan mustia, / que cual húmedo cabello entre las olas ondula, / si es que ondula. Apoyado en el brazo, el caracol del oído / distinguir en ellas no logra ningún ruido / que no sea lienzo al viento, aplauso, golpe de postigo, / cafetera hirviendo o, a lo más, de gaviota el grito.” Es comparable –según Mandelstam- la fluidez de las mareas a la estrofa en la que Villon confía su alma a la Trinidad de la Santísima Virgen y nueve legiones de ángeles, un proceso escrito en las bóvedas doradas de las catedrales. Hay un lugar en el mundo donde confluye la arquitectura sagrada y las mareas: Venecia.
Sabemos que la marca de agua es una imagen formada por las diferencias de espesor en una hoja de papel, se le dice “de agua” porque el papel ha de estar húmedo en el momento en que se presiona con un rodillo mallado de curioso nombre: “Dandy”, que contiene el relieve que se quiere dejar marcado; pero también es la señal que indica el nivel más alto alcanzado por un río o por el mar, y que en el caso de la laguna veneciana es señalada por los restos de humedad sobre las paredes de casas y palacios. Es pues imagen de la memoria y del tiempo “busco una nube o la cresta de una ola que rompa a medianoche sobre la orilla. Esto es, para mí, tiempo que emerge del agua, y me quedo mirando el encaje que deposita en la orilla, no para interpretarlo como los adivinos, sino con un sentimiento de ternura y gratitud.”
Marca de Agua refleja a partir de múltiples estampas el viaje ritual que cada invierno hacía el poeta a la ciudad del león alado. Es precisamente en las tardes de esa época del año cuando el mar, llevado por un viento del este contrario, llena todos los canales hasta el borde como si fueran bañeras, desbordándolos a veces. “Acqua alta”, proclama la radio y entonces caminan los locales con sus botas de goma mientras el peregrino deja secar sus zapatos sobre los radiadores de su hotel. Las iglesias permanecen abiertas y sacerdotes y parroquianos caminan sin sorpresa sobre las aguas. El emblema de San Marcos, el evangelista, aparece erguido y omnipresente.
El visitante escucha, es también la ciudad de la música, aquí fue bautizado Antonio Vivaldi, aquí yace el petersburgués Stravinsky. El agua es igual al tiempo y proporciona un doble a la belleza. Al rozar el agua, Venecia mejora la imagen del tiempo, embellece su futuro, porque mientras nosotros nos movemos la ciudad es estática. “Tesoro estable, templo de Minerva, / quietud masiva y visible reserva;” que es también el Cementerio Marino de Valery: “Cuando sobre el abismo un sol reposa, / trabajos puros de una eterna causa, / el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.”. No es extraño pues que el cementerio de San Michele guarde ahora también la lápida del poeta: Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940 – Nueva York, 1996) el más notable sucesor de la estirpe de escritores nacidos a la orilla del Neva.
Ajmatova le había predicho un glorioso destino (logró el Nobel en 1987) y una vida dura (condenado primero al exilio interno y posteriormente deportado de la URSS, alejado para siempre de aquellas aguas heladas, maltratado por los sanguinarios guardianes de un sueño de la razón, quienes terminarían muchos años atrás –nadie sabe ni cómo ni dónde- con Mandelstam, también con Villon).
“Hace muchas lunas, el dólar estaba a 870 liras y yo tenía treinta y dos años. También el globo, que contaba con mil millones de almas menos, era entonces más ligero, y la cantina de la stazione a la que había llegado aquella fría noche de diciembre estaba vacía.” - comienza el libro en su primera visita a la ciudad del agua, justo cuando inicia su exilio.
Hallamos también en Venecia la imagen de la memoria, en el invierno frío y blanco, en el olor de algas heladas. Resuenan en sus palabras los ecos de Los Cuatro Cuartetos de Eliot: “Por la ola que se hincha allá en el fondo, / Mide el tiempo, no nuestro tiempo / Sino un tiempo más antiguo / Que el tiempo de los cronómetros, más antiguo / Que el tiempo medido por las mujeres que en su angustia y su insomnio”
El reflejo es una propiedad de las sustancias líquidas, somos sinónimos parciales del agua, que a su vez es sinónimo total del tiempo, como Venecia lo es de San Petersburgo; uno es veneciano por definición, ya que fuera de allí, en su equivalente del Mediterráneo, del Atlántico o del Báltico, el tiempo teje nuestros reflejos. Reflejos como esta imagen proléptica que encontramos en Marca de Agua: “En un determinado momento, salimos de la laguna y pusimos rumbo hacia la isla de los muertos, hacia San Michele. La luna, extraordinariamente alta, como una t afilada que hubiera sido cruzada por la firma de una nube, apenas era visible sobre la sábana del agua, y el movimiento lento de la góndola era totalmente silencioso”.
La plaza de San Marcos es invadida por el Rey Niebla, porque Joseph Brodsky está ya dormido, y como en cada invierno véneto todo duerme a su lado: “Duermen los ríos, montes, bosques. / Duermen las bestias, las aves, el mundo vivo y no vivo. / Sólo la blanca nieve vuela desde los cielos nocturnos. / Pero también ahí duermen, por encima de todos.” Y fundidas están el agua, el tiempo, la belleza, la ciudad y la lágrima.
[editado por jredondo el 19-10-2006 a las 01:23]
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José Antonio Redondo
hotelkafka
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