El encanto del cuento peregrino
embriagó el corazón de nuestra infancia...
¡Dulce perfume, sin igual fragancia,
cuán lejos, ay, quedó en nuestro camino..!
¿Qué raro artista, qué pincel divino
trajo a nosotros desde tal distancia
tan viva y nueva la leyenda rancia,
venciendo, así, al Tiempo y al Destino?
¡Nueva emoción el pecho, por tí, siente,
pintor genial, artista soberano!
Ojo infantil pusiste en nuestra frente.
Y al contemplar un mundo ya lejano,
el corazón volvió a ser inocente
al conjuro supremo de tu mano.
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Anacrusa
Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.