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Anacrusa

registrado: 18-03-2004
respuestas: 4219

MANIFIESTO POR EL COPYRIGHT

Traigo aquí algo que me ha mandado la escritora y periodista Enriqueta Antolín, a lo que quieren dar la mayor difusión y que eseoy segura que les interesará:

Te mando un Manifiesto por el Copyright que estamos intentando difundir entre los creadores españoles y residentes en España de cualquier tipo. Me gustaría que te adhirieras a él y que nos ayudases a difundirlo entre todos los creadores que conozcas. El objetivo es que la adhesión sea masiva para que en torno a estos principios podamos defender no sólo nuestros derechos sino el valor de la tarea creativa y de la cultura.

Para adherirse basta con enviar un correo electrónico a la siguiente dirección:

plataforma.copirrait@copirrait.es

Hay que indicar los siguientes datos:

Nombre y apellido[s]

Actividad creativa (escritor, cineasta, músico, ilustrador, etcétera)

DNI o documento identificativo

El propósito es que el Manifiesto aglutine a creadores de todo tipo, sin diferenciaciones ideológicas, lingüísticas, de poética o de repercusión social. Por otro lado, deseamos la solidaridad y el respaldo de personas de cualquier ámbito, pero el Manifiesto sólo aparecerá firmado por creadores.

Te ruego que lo hagas circular y te mando un abrazo



MANIFIESTO POR EL COPYRIGHT

Ante la gigantesca revolución digital que ha sacudido la industria de la cultura y del entretenimiento, y ante la revolución no menos importante que afecta a los hábitos de consumo de las obras musicales, cinematográficas y literarias, los escritores, compositores, intérpretes musicales, cineastas, guionistas, ilustradores, traductores y creadores de obras artísticas en general manifestamos lo siguiente:

1. La propiedad intelectual es un derecho reconocido internacionalmente y amparado por la legislación española. Merece por lo tanto al menos la misma protección jurídica que la propiedad de bienes y la propiedad industrial. El cuestionamiento a que está siendo sometida por algunos sectores en la situación actual no se funda en razonamientos ni en argumentaciones, sino en la simple constatación de la existencia de una tecnología que permite su quebrantamiento continuo e impune.

2. Apoyamos el desarrollo y la potenciación del copyleft y de las licencias de Creative Commons, que ya están contempladas en la legislación española y pueden ser empleadas por los creadores sin ninguna traba. Dichas licencias, sin embargo, deben ser siempre voluntarias y estar sancionadas por el autor o por las personas y empresas que le representen. Esas modalidades permiten a quien lo desea divulgar su obra libremente a través de Internet. Nadie que quiera acogerse a la licencia de copyright, sin embargo, puede ser obligado a emplearlas por la fuerza de los hechos o por la desprotección efectiva de sus derechos.

3. Internet debe ser un medio libre y neutral, pero eso no quiere decir que no deban existir reglas en su administración y que pueda conservar la impunidad quien las infringe. Con el pretexto de defender la libertad, algunas voces están defendiendo en realidad la inmunidad para el saqueo de obras ajenas.

4. Exigimos a los poderes públicos que establezcan normas para proteger con eficacia los derechos de propiedad intelectual masivamente vulnerados. España tiene una legislación predigital que resulta ineficiente para resolver los conflictos generados por las nuevas tecnologías y para arbitrar soluciones. El intercambio de archivos p2p y los procedimientos de distribución masiva semejantes no pueden ser considerados, sin incurrir en el cinismo, como meros préstamos entre amigos. Países con los que España quiere homologarse, como Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos, cuentan con legislaciones más avanzadas y valientes a las que se debe tender.

5. Los derechos fundamentales de los ciudadanos, protegidos por la Constitución, deben ser siempre tutelados judicialmente, pero eso no implica la inacción ni el consentimiento pasivo del saqueo que se está produciendo desde hace años en los productos digitales.

6. El derecho al acceso a la cultura, que con frecuencia se invoca, no debe ser confundido nunca con el derecho a acceder gratis a cualquier producto cultural y de entretenimiento. Los creadores nos declaramos dispuestos a colaborar en la búsqueda de fórmulas que permitan el disfrute de los productos culturales a estudiantes y a personas sin recursos, pero no aceptamos que en una sociedad completamente mercantilizada nuestras obras sean el único bien de acceso universal no retribuido.

7. La consigna del “gratis total”, que se ha extendido entre amplios sectores de la sociedad en el caso del consumo de productos digitales, condena a la creación artística a una supervivencia mendicante. De imponerse, conseguiría que los patrocinios comerciales y las subvenciones públicas decidiesen, más que nunca, qué tipo de cultura debe hacerse y difundirse. No ya como creadores, sino como meros ciudadanos interesados en la cultura y en los valores que se transmiten a través de ella, creemos que su mejor defensa es justamente la de sustentarla en la sociedad civil y no dejarla en manos de intereses mercantiles o políticos. El copyright ha sido históricamente la única garantía de la independencia del creador.

8. Reclamamos al Gobierno, a los partidos políticos y a los medios de comunicación que no sucumban a la tentación del populismo en este asunto. Una democracia plena es aquella en la que los derechos básicos de las minorías están amparados aun en contra de la opinión de las mayorías.

9. Los cánones y los impuestos subsidiarios creados hasta el momento para compensar el expolio de las obras deben ser abolidos en cuanto se restablezca una mínima protección jurídica, pues no tiene sentido tratar a cualquier consumidor como potencial sustractor de los derechos ajenos.

10. Los creadores deseamos únicamente poder vivir de nuestro trabajo o al menos recibir por él una compensación justa. No buscamos caridad ni socorro público, sino una remuneración acorde con el provecho o el beneficio que la sociedad obtenga de nuestras obras. Reclamamos, por lo tanto, que aquellos que las utilizan para su disfrute contribuyan a ello económicamente.

Plataforma de Creadores por el Copyright

Para adherirse a este Manifiesto, es preciso enviar un correo electrónico a plataforma.copirrait@copirrait.es indicando nombre y apellido[s], actividad creativa y DNI o documento de identificación

_________________________________
Anacrusa

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

23-07-2010 a las 02:39
Cristina Sama

registrado: 05-11-2004
respuestas: 1270

Re: MANIFIESTO POR EL COPYRIGHT

Los que compramos libros, discos, pelis, juegos, etc., también queremos que los autores puedan vivir de su trabajo.


Tribuna Libre

Jul 10 30

Descargas ilegales y arte de gobierno

Por Manuel Arias Maldonado, profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Málaga (EL PAÍS, 30/07/10):

Hay algo perverso en el debate nacional en torno a la así llamada piratería cultural y sus efectos. Desde el principio, el intercambio de argumentos ha girado en torno al conflicto entre la protección de los derechos de autor, con sus correspondientes devengos económicos, y el ideal de una Red basada en el libre intercambio de contenidos de todo tipo. ¡Cómicos frente a blogueros!

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. O, mejor dicho, son más sencillas que eso. Y la razón de que lo sean nos sirve de ilustración acerca de un mal arraigado en nuestros gobernantes y aun en nuestra sociedad, a despecho de cualquier rueda de prensa convocada para decir lo contrario: la incapacidad para enfrentarse a los intereses creados en beneficio de -ay- los ciudadanos. Pero vamos por partes.

¿Qué razones podría tener alguien para descargar ilegalmente contenidos culturales? Suele representarse a este sujeto como a un adolescente egoísta, un cruce entre Robin Hood e Ignatius J. Reilly, a quien su madre lleva la cena al dormitorio mientras él se dedica a demoler el Antiguo Régimen Cultural. Algo de verdad habrá en ello. Sin embargo, es conveniente preguntarse si hay alguna otra razón que explique la alegría con la que los españoles se han lanzado a esta moderna forma de piratería. No hay, claro, una única razón para explicar este fenómeno, pero la que aquí se va a traer a colación no parece la menor, ni la menos significativa. Y recordemos que este concreto problema se evaporará cuando todo pueda verse u oírse en línea, sin necesidad de descargar los contenidos, pero no lo harán sus causas ni lo que estas dicen sobre nuestra sociedad.

Hace unos meses, de visita en Londres, me topé con las nuevas ediciones del catálogo completo de los Beatles. Y cuál no sería mi sorpresa cuando comprobé que podía hacerme con cada uno de los discos a un precio de ocho euros. ¡Recién publicados! De regreso, comprobé el precio mínimo al que podían adquirirse en España. ¿Adivinan? No menos de 16 euros, en el mejor de los casos. Lo mismo sucedía con The Wire, la excelente serie producida por HBO: una temporada cuesta 34 euros aquí y 16 allí. Y así sucesivamente, con salarios que doblan los nuestros. La pregunta que sigue es elemental: ¿quién desea adquirir un producto al doble de su precio más bajo en el mercado? Nadie, claro.

Sucede que, durante décadas, los consumidores españoles han venido pagando un brutal sobreprecio por esta clase de bienes: libros, discos, películas. Cuando uno no posee términos de comparación, debe resignarse. Pero cuando hay alternativas más baratas para el mismo producto, cualquier consumidor las prefiere. No hace falta recurrir a las caricaturas sobre el homo economicus para explicar esa conducta. ¿O hay que dejarse engañar en nombre del humanismo?

Hoy día, gracias a la transformación propiciada por las tecnologías de la información, cualquier persona mínimamente avispada sabe que existen grandes portales, como Amazon, donde es posible adquirir bienes culturales a un precio sensiblemente inferior al español. Es decir, que resulta más barato hacerse enviar un libro desde California que comprarlo en nuestro barrio.

No solo Estados Unidos y Reino Unido sino también Francia y Alemania, poseen versiones de este portal, donde miles de establecimientos de todo el mundo ofertan sus productos. Naturalmente, el español que no domine el inglés no dispone de esta herramienta; pero quien descubre que hay un mundo donde, por ejemplo, se saldan los libros pasados unos años, en lugar de tenerlos arrumbados en un almacén, difícilmente se dejará engañar otra vez.

Nada de esto significa que los creadores no tengan derecho a cobrar por su trabajo; faltaría más. Pero habrán de cobrar lo que los consumidores estén dispuestos a pagar por él en un mercado donde no se establezcan aranceles artificiales. La industria cultural española no parece querer entender que el mercado es también un sistema de información. Y que las señales que este envía indican con claridad que el modelo de negocio que ha venido funcionando durante años no es ya viable. Algunos compramos en el extranjero; otros recurren a la descarga. Ninguno quiere pagar en el mercado nacional lo que cuesta la mitad en el mercado global.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con nuestros Gobiernos? Mucho, claro. Porque alguna explicación de orden estructural habrá para que el disco que cuesta ocho euros en Londres no baje de 16 en Madrid. Hay que recordar que no vivimos bajo ninguna forma de capitalismo salvaje, sino en un capitalismo intervenido, donde la forma de los mercados viene determinada por restricciones legislativas y asignaciones prefijadas de beneficio. Baste mencionar que los distribuidores de libros se llevan el 50% del precio de estos, frente al 8% del autor; que solo hay un número limitado de operadores de telefonía móvil, porque así lo decide el Estado; o que no pueden aplicarse libremente descuentos en los libros. Esto quiere decir que las reformas públicas de los mercados producen un efecto sobre estos y que, si se trata de las reformas correctas, suelen hacerlo en beneficio de los ciudadanos.

No ha mucho que el presidente del Gobierno estableció una contraposición entre su acción política y los intereses de los poderosos. Bien está. Pero esa difusa alusión nos distrae de la circunstancia de que es el Gobierno quien tiene verdadero poder, esto es, capacidad para cambiar el statu quo; y que no lo hace. Es verdad que la crisis económica ha exigido un ingente gasto público primero y su reducción después; pero también lo es que se está desaprovechando la oportunidad de realizar reformas gratuitas con un enorme potencial transformador. Gratuitas económicamente; distinto es que abordarlas exija un precio político.

Desgraciadamente, nuestros Gobiernos suelen ser fuertes con los débiles y débiles con los fuertes, prefiriendo eludir el enfrentamiento con todos aquellos sectores que defienden agresivamente sus privilegios: taxistas, controladores aéreos, transportistas por carretera, e tutti quanti, hasta llegar a descafeinar la Directiva de Liberalización de Servicios europea para no malquistarse con nadie. ¡Sigamos siendo amigos!

Pero eso no es gobernar. La acción de gobierno se expresa en la capacidad para realizar reformas significativas removiendo los intereses creados en beneficio del interés general. Lo demás son parches.

Así pues, el debate en torno a las descargas ilegales esconde más de lo que parece. Y quizá no habríamos llegado a este punto si algunas de las causas que han provocado subterráneamente su proliferación se hubieran abordado antes. Por supuesto, es más fácil demonizar al adolescente; pero también es triste recurrir a semejante chivo expiatorio en lugar de atreverse a gobernar.

Descargado de www.almendron.com

[editado por Cristina Sama el 31-07-2010 a las 11:10]

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En los bosques, perdido, corté una rama oscura
y a los labios, sediento, levanté su susurro.

31-07-2010 a las 11:07


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