Anacrusa

registrado: 18-03-2004
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Gaviotas, palomas, gorriones y Vilches
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Vilches *
En la playa en la que veraneo hay muchas gaviotas. Yo leo por la tarde hasta que ya no veo el libro y, antes, siempre bajaba miguitas o grano porque me gustaba que me rodearan ellas, las palomas y los gorriones. Hace varios años que no se ve ni un solo gorrión. Se lo comían todo ellas y las palomas y, o se han muerto, o han emigrado. De cerca son muy feas y muy violentas, cuando pelean por una simple miguita. Verlas volar de lejos es precioso, pero han echado a los gorrioncitos. No me gustan y las palomas menos. Pero hay pájaros y pájaros.
Cuando yo hacía mis escalas, mis arpegios, cuando yo estudiaba el piano, en fin, tenía un admirador incondicional; cerraba los ojos para oírme y se tambaleaba hasta caer y tener que ponerse a volar, porque andaba suelto por la casa y se subía a la galería de la cortina que cubría la luz de la ventana que había junto a mi piano. Terminaba en mi hombro y bailaba, juro que bailaba, al son de mi música. Era Vilches, el periquito que había nacido en casa y que, subido en las manos de mi madre, le sacaba los puntos de las agujas con que hacía incansablemente punto y que, al oscurecer y antes de meterse en su jaula, pasaba por las cabezas de todos nosotros y nos picoteaba, como quien da un besito de buenas noches.
Vilches fue uno de los cuatro huevos que puso su madre, Arabela. Era tan feo que espantaba al miedo y comenzamos a llamarlo Estropajito, pero pronto demostró un carácter que obligó a un nuevo apelativo. Cuando sus padres Winston y Arabela, llamados así por ser hermanos, se iban a comer, en lugar de esperar pacientemente, como sus tres hermanos, sacaba la cabeza por el agujero del nido y daba un grito aterrador, dejando caer la cabeza, colgando hacia afuera después, como si estuviera muerto. Los padres, angustiados, subían corriendo a darle de comer. Así, mientras sus hermanos eran unos bichos esmirriados, él llegó a ponerse hecho un cerdo (cerdo periquito, pero cerdo). Dadas sus demostradas dotes teatrales, mi madre comenzó a llamarlo, indistintamente, María Guerrero y Vilches, hasta que la cera que adornaba su pico, por donde respiran los pericos, adquirió el azul intenso inequívoco de su condición de macho, quedándose con Vilches. Nunca llegó a tener plumas en el cuerpo y daba verdadera grima ver su comida a través del buche transparente, pero era dulce y tierno como un peluchito. Así nos enteramos de que no se pueden cruzar los pericos hermanos porque tienen hijos anormales. Sólo vivió dos años y estuvo siempre enfermo. Equivocamos el nombre, teníamos que haberlo llamado Estropajito de Borbón y Borbón
* Ver aquí datos de Ernesto Vilches
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Anacrusa
Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.
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