Robertokles

registrado: 20-03-2004
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Carlos Edmundo de Ory
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Soy un lector cualquiera, soy un lector de clásicos cualquiera que, para colmo, lee muy mal literatura de vanguardia; pero por estas cosas de la vida — que uno, dicho sea de paso, no gobierna en absoluto — se ve abocado a leer las cosas más dispares. Comentaba a alguno de mis amigos la intolerable persecución a la que me somete Carlos Edmundo de Ory desde hace dos o tres semanas. Leo las memorias de Nieva, y allá se le cita; cambio a Los detectives salvajes, de Bolaño, y de nuevo me brota entre sus páginas. El bibliotecario me anuncia que han traído una remesa de la editorial Libros del Innombrable, y me enseña un volumen que ha guardado para mi, anticipándome su alto interés. No lo duden ustedes: es una antología de poesía postista, la corriente literaria que inauguraron Carlos Edmundo de Ory y Eduardo Chicharro Briones, que el esforzado y brillante Raúl Herrero compila y edita. La tomo, con cierta prevención, y comienzo a mirar a mis espaldas. Más tarde: adquiero unas revistas literarias, y desde una de ellas, la Diputación de Cádiz me avisa de que ha publicado un libro de crítica sobre la obra de....de quién si no. El martes le comentaba estas cosas a una amiga, y le evoco los tiempos de su niñez, cuando el poeta de marras se mostraba con ella sumamente amable.
Se ve que nuestro Carlos Edmundo ha oído de mí, y ha decidido perseguirme con todos los metales de Troya. Creerá que no lo he leído aún, que no tengo opinión acerca de su experimento vanguardístico. Es más, deseará que hable de él en los foros (para qué atosigarme si no). Ayer, en tanto transcribía en la biblioteca, me tronchaba de risa con un verso suyo (los poemas de la primera formación postista tienen algo de alegría irresponsable o de desenfadada subversión) que decía:
Salta como un horrendo gorila beodo
Tela con la imagen, que no tiene desperdicio En el poema del verso citado (Viento de Invierno) se conjuga la explosión de metáforas sorprendentes (que bordean lo alógico) con una cierta estilística que abusa del paralelismo, de las repeticiones, y busca la eufonía preciosista (esto es, que hereda del Modernismo como si tal cosa). Francisco Nieva revela que su composición — en una mesa camilla — le llevó al imparable Ory una nadería. Comprobemos el resultado. Habrá más:
«Viento de Invierno»
Cuando se besan nuestras bocas en la noche
Cuando se besan de noche nuestras bocas
Cuando de noche la noche besa al suelo
Allí lejos se enfrían allí lejos
Allí lejos el gran invierno gime
Allí lejos el gran trueno lejano
Lanza un suspiro inmenso y besa al mundo.
Te escucho oh beso tumultuoso
Corazón de estearina caliente
Oh la noche es una boca de negros dientes
Y nos besan bocas de animales grandes
Bocas pequeñas de animales grandes
Boca de mina y nalgas de la noche
Pasos de paquidermo sobre el vientre.
Salta el invierno con sus muslos de nieve
Salta y agita sus brazos de ladrillo
Salta como un horrendo gorila beodo
Besamos ojos de mujeres bestiales
Nos besamos besando la nada y la sombra
Besamos las bocinas de automóviles fríos
De barcos fríos con faroles tristes
Besamos encendidos termómetros de hielo
Dentro de la habitación habitual conventual.
Estamos en un hospital de muertos crisantemos
Estamos dentro de una nevera encendida
Estamos bajo un palacio de mantas invernales
Y los besos los besos lloran todavía lejos
Todavía lejos en los campos en las nubes.
Se besan los hombre de la muerte en el viento
Se besan los vientos y la noche y la muerte
El invierno baja de un tranvía esta noche
Damos besos en la pared estamos solos
Estamos solos estamos solos en el humo del té.
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Robertokles
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