DELLWOOD
registrado: 26-10-2004
respuestas: 35
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Re: Andrés Neuman
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He leído muy superficialmente los textos de Neuman y en cuanto tenga tiempo pienso leerlos con mayor detenimiento. Mientras tanto, y como alguien esperaba por ahí alguna reflexión sobre los que es literatura, aporto el siguiente texto:
Según el Diccionario Crítico Etimológico de J. Corominas, literatura es un cultismo del latín Litteratura, conjunto de saberes sobre el arte de escribir y leer; pero será en el S. XVIII cuando el término acuse una evolución semántica por la cual pasa a designar no sólo la cultura del hombre de letras sino también la actividad de éste mismo.
Robert Escarpit, en su conocido análisis sobre la Definición del término Literatura, constata que la palabra no fue utilizada en inglés, castellano, italiano o francés antes del S. XV, aunque sí hace notar que literatura es tanto el fenómeno intelectual escrito como la creación estética verbal.
En un diccionario como el de la Real Academia Española de la Lengua, DRAE, encontramos las siguientes acepciones:
1.Arte que emplea como medio de expresión una lengua.
2.Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género. (Literatura griega, Literatura del S. XV)
3.Conjunto de obras que versan sobre un arte o ciencia (Literatura jurídica)
4.Tratado en el que se exponen estos conocimientos.
Por lo tanto, si es literatura toda obra estética de expresión verbal, oral o escrita, podríamos pensar que un Manual de Ornitología bien escrito sería literatura, mientras que a ninguno de nosotros se nos ocurriría pensar que sería Arte. Es por eso que hay que discernir entre el lenguaje literario y no literario, pues esa distinción lo que distingue los escritos meramente comunicativos de los artísticos-.
Roman Jakobson, en Closing Statements: Linguistics and Poetics (1960) caracteriza el lenguaje literario como la comunicación verbal en la que ocurren seis funciones básicas.
1. Función emotiva, o expresiva, del emisor del mensaje.
2. Función apelativa, pues es necesaria la existencia de un receptor, susceptible de influencias en su modo de pensar y comportarse al asimilar el mensaje.
3. Función informativa, consistente en la trasmisión de un saber.
4. Función fática, cuyo objeto es la de establecer o interrumpir o prolongar la comunicación.
5. Función metalingüística, referente al lenguaje sobre el lenguaje y
6. Función poética, en la cual el lenguaje crea, de forma imaginaria, su propia realidad. Es esta función la preponderante en el uso literario de la palabra, ya que recoge semánticamente todas las referencias históricas de las palabras que relacionan los conceptos.
Otra forma de definir el lenguaje literario es contrastarlo con el lenguaje científico considerando que el primero se caracteriza por ser connotativo y el segundo, denotativo.
Si partimos, como Saussure, de que las lenguas son combinaciones de signos lingüísticos en los cuales a un significado se le atribuye un significante, y viceversa, en el lenguaje literario la configuración representativa del signo es ilimitada y repleta de connotaciones, es decir, plurisignificativo, tomando dicha plurisignificación desde dos puntos de vista, diacronicamente (sigificación que recopila la trayectoria del uso histórico de las palabras) y sincronicamente (significación en base a las relaciones conceptuales, imaginativas, rítmicas, etc., que contrae la palabra con los demás elementos de su contexto verbal, pues la obra literaria es una estructura en la que todos sus elementos están relacionados, y la palabra sólo adquiere su valor integrada en esta unidad estructural.) En el lenguaje científico, por el contrario, el carácter connotativo es sustituído por el denotativo, o lo que es lo mismo, el signo lingüístico tiende a una relación recíprocamente universal entre significado y significante, nos remite directamente a la cosa designada, sin permitirse ambigüedades de ningún tipo.
Tomando en cuenta las características del lenguaje literario, parece que no se distingue del lenguaje cotidiano, pero no es así, pues en la forma de hablar coloquial sólo importa el significado, no el significante, mientras que en el literario, por ejemplo, el significante es de vital importancia para, la musicalidad de una poesía en la que se escogen escrupulosamente las palabras según sus fonemas.
Por tanto, sería literatura la obra estética en la cual la palabra , recogiendo toda su capacidad connotativa, fuera la materia prima y fundamental para comunicar una FICCIÓN que cumpliría unas funciones , no un mero mensaje sin más objeto que comunicar.
Pero las cosas no sólo son lo que son, sino para lo que sirven. Las cosas que existen se nombran por la necesidad de nombrarlas, esto es, porque hay que usarlas. Es así que la literatura será aquello para lo que sirva-La naturaleza de las cosas emana de su utilidad, dice Wellek y Warren, los teóricos de la literatura más influyentes del S. XX.
Sin embargo, en el curso de la historia, las concepciones sobre la naturaleza y la función de la Literatura han ido cambiando. Así, si nos remontamos al mundo griego, -- con Hesíodo, Esquilo o incluso Homero—Literatura, Filosofía y Religión son materias que coexisten sin apenas diferenciaciones entre sí, son disciplinas en las que los valores estéticos de una obra literaria sirven como fundamentos teológicos que unifican una sociedad. Pero, en el Renacimiento, se populariza la doctrina por la cual la poesía deleita enseñando o enseña deleitando. Mientras que en el s. XIX, con las teorías del Arte por el Arte, Oscar Wilde nos dice, en el prólogo al “Retrato de D. Grey “ que el Arte es completamente inútil. Según Aguiar, quienes niegan la identificación de la belleza con lo útil es ya una postura intelectual que tiene como fin propagar el escepticismo ante el progreso de la ciencia y la técnica por considerarlas susceptibles de eclipsar los valores humanos. Y , además, el arte que sólo es bello, ofrece su belleza para la evasión, la fuga del yo, tanto del yo del escritor como el yo del lector. Según Aguiar, un escritor puede tener conflictos en la sociedad y problemas íntimos que lo inducen a convertir la literatura en su propia religión, buscando de forma idealista la perfección en épocas lejanas o costumbres exóticas de países lejanos, incluso rememorando su infancia o creando personajes que serían su Yo perfecto. Y lo mismo ocurre con el lector.
Aunque con reservas, W. Y W. sostienen que la historia de la estética puede resumirse como una dialéctica en que la tesis y la antítesis se reducen al dulce y utile de Horacio en “Ars Poetica”; Horacio, gran poeta didáctico y satírico de la literatura clásica latina, entiende como Dialéctica “ el proceso de transformación en el que dos opuestos, tesis y antítesis, se resuelven en una forma superior o síntesis”. (DRAE) Así, el que la Poesía sea un placer, una deleitación, se contrapone a que también es instrucción; es decir, juego y trabajo. Dulce equivale a no tedioso, no obligatorio, algo que se recompensa por sí mismo. Útil equivale a lo que no sea desperdicio de tiempo, algo que nos lleve a algo en beneficio nuestro. W. y W. ,de todas formas, dicen que esta dual definición podría ser sólo aplicable a la alta literatura, no a la infraliteratura, pues ésta es considerada literatura de evasión y entretenimiento, mientras que los matices de placer y utilidad deben de coexistir y fundirse en la literatura con mayúsculas, pues el placer de la literatura es contemplativo, esto es, superior, y la utilidad es una seriedad estética-
De todos modos, los autores de “Teoría Literaria” se preguntan, a modo de cuestión fundamental, si es una la función de la literatura, o si son varias, o si sólo es una amalgama de filosofía, historia, música e imaginación.
Si bien Aristóteles, en su obra “Poética”, ya decía que la poesía es más filosófica que la historia, pues la historia cuenta cosas ocurridas y la poesía las refiere como podrían haber ocurrido, y si bien teóricos neoclásicos como Samuel Jonson aún hablan de la literatura como una grande generalidad, los teóricos modernos, y de distintas escuelas, subrayan el carácter particular de la poesía. Ponen como ejemplo que el Otelo de Shakespeare no trata de los celos, sino de los celos de Otelo, y aun es más, de la determinada clase de celos que puede sentir un moro casado con una veneciana. Por un lado podemos decir que la literatura es más general que la historia y la biografía, pero más particularista que la psicología o la sociología. Un dramaturgo tiene que caracterizar psicológicamente a sus personajes, que se desenvuelven en un ambiente determinado, pero un historiador puede buscar en una obra de teatro los rasgos sociológicos de determinada época. De igual manera, la verdad filosófica de la literatura sólo es la verdad en la literatura, como algo aplicado, no sistemático; dan como ejemplo que la verdad que Dante propone sólo es la verdad de la teología católica y la filosofía escolástica. Esto se explica porque las Artes no ofrecen verdades experimentales como las ciencias. Las primeras, ilustran y las segundas ofrecen modelos discursivos.
El que el Arte sea intuición de la verdad sólo significa que el artista no es un descubridor, sino un vendedor persuasivo de la verdad, lo cual es, a su vez, propaganda. Si éste término, a niveles coloquiales, es peyorativo porque implica cálculo e intención, cabe decir que hay un tipo de literatura, la mala, que es propaganda, mientras que una literatura buena nunca puede serlo. De todos modos, si definimos propaganda como esfuerzo consciente o inconsciente para influir en actitudes hacia la vida, todos los artistas son propagandistas y toda literatura debe de ser comprometida con una causa. Sartre, por ejemplo, escribió una conocida obra, “¿Qué es la Literatura?”, editada en 1948, en la que se plantean tres preguntas: ¿Qué es escribir? ¿Por qué escribir? ¿Para quién escribir? Dichas preguntas son contestadas con el ánimo de integrar la actividad literaria en el ámbito de la revolución marxistas.
Por último, se sostiene que otra función de la literatura es la catarsis, tomando como tal la acepción de liberación de las emociones, calma espiritual. Por un lado, un espectador de una obra de teatro trágica puede sentirse aliviado al ver que no sólo es él quien sufre, mientras que un autor puede liberarse de emociones al trasponerlas de modo verbal sobre un papel, aunque son cuestiones que se tratarán en las relaciones de la literatura con la psicología. Aguiar subraya no confundir la catarsis con la evasión, pues ésta es fuga y olvido, mientras que la catarsis es asunción del dolor y la fatalidad.
A modo de resumen, la función de la literatura es cuestión histórica, generalmente más tratada por moralistas, hombres de Estado y filósofos que por literatos o ciertos teóricos de la literatura y el arte en general, subrayando más su rasgo útil que su rasgo placentero, es decir, atendiendo sólo a la función extrínseca de la literatura, mientras que el rasgo placentero atiende a la función intrínseca de la obra literaria.
Por todo lo cual concluyen Wellek y Warren que las funciones literarias son muchas, y que la primera y principal es ser fiel a su propia naturaleza. Aguiar concluye proponiendo también la pluralidad funcional con estas palabras: “La literatura es vehículo de evasión, pero puede ser también notable instrumento de crítica social. La literatura es instrumento de catarsis, de liberación y de apaciguamientos íntimos, pero es también instrumento de comunicación, apto para dar a conocer a los demás la singularidad de nuestra situación, y capaz de permitir, por tanto, que nos comuniquemos a través de lo que nos separa.”
[editado por DELLWOOD el 18-12-2004 a las 09:53]
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