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l a s   r a m a s   d e l   á r b o l

Le pidieron una lágrima para Baldr.

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Belle

registrado: 19-03-2004
respuestas: 764

Re: El faro del fin del mundo

El faro del fin del mundo


La foto no aparece en Ideal , es cortesía de la casa .




El faro del fin del mundo se alza en una de las islas cercanas a Tierra del Fuego, la provincia argentina más cercana a la Antártida y cuya capital, Ushuaia, es conocida como la ciudad más al sur de todo el planeta. Por eso me parecía que, fuera adonde fuese, mis viajes estarían incompletos si no iba hasta la insular Tierra del Fuego para tocar el faro del fin del mundo, el mismo que había inspirado a Julio Verne en una de sus novelas.

Las excursiones al faro se contrataban desde Ushuaia. La ciudad de Ushuaia es uno de los lugares más fascinantes que he conocido. Su historia parece escrita entre la epopeya y el delirio onírico. Fue fundada a principios del siglo pasado, como parte del plan de poblamiento de la Patagonia. Si habitar el desierto patagónico siempre había sido arduo, en este caso se trataba de una empresa casi heroica: las heladas invernales y la enorme distancia respecto de los centros urbanos del país parecían abocar a Tierra del Fuego a la navegación y a la única residencia de tribus nómadas. Dadas estas condiciones, el Gobierno argentino concibió una idea de un pragmatismo tan perfecto como tenebroso: ya que nadie se atrevía a radicarse en Tierra del Fuego ni existía en la zona la menor infraestructura, se resolvió construir allí una prisión. La prisión más temible del país, de la que nadie podría fugarse jamás.

Aprovechando el vacío del último confín del mundo, la 'cárcel de reincidentes' se destinaría a encerrar a los últimos eslabones de la sociedad argentina: asesinos en serie, violadores, dementes peligrosos (y, más tarde, también presos políticos). Condenados a cadena perpetua, su remota reclusión sería lo más parecido a borrar del mapa a los reos. Sin embargo, aún restaba un detalle: ¿quién construiría un penal estable al final de la Patagonia y lo dotaría de las comunicaciones necesarias? ¿Qué obreros patriotas serían capaces de trabajar aislados, al pie de los Andes y en condiciones climáticas extremas? La respuesta fue sencilla: los propios presos. Y así, kafkianamente, al sur del sur del sur, empezó Ushuaia: una bella ciudad nacida de una siniestra cárcel que construyeron los mismos individuos condenados a habitarla. Sus trabajos forzados dieron tan excelentes resultados, que hoy nadie duda en considerar a aquellos feroces reclusos como los pioneros y benefactores de la moderna provincia.

Tras aterrizar en Ushuaia, obsesionado con llegar al faro del fin del mundo, me topé con la primera sorpresa: el célebre faro se hallaba en la Isla de los Estados, hoy declarada de máximo interés científico y militar, e inaccesible para los turistas. ¿Pero sería realmente imposible contratar una embarcación por mi cuenta?, le pregunté a un guía del lugar. Su respuesta me descorazonó: él mismo llevaba toda la vida intentando ir. Además -terminó de desengañarme el guía-, de haber podido llegar a aquella isla, apenas si habría podido contemplar una réplica reciente del faro: el verdadero ya estaba irremediablemente destruido cuando fue declarado Monumento Histórico Nacional. En efecto, al visitar la cárcel de reincidentes (hoy convertida en escalofriante museo) pude ver expuestas algunas piezas podridas del faro original.

De modo que el mítico faro era, en la práctica, invisible; y los contados privilegiados que podían verlo, no accedían más que a una copia... No pensaba, sin embargo, darme por vencido. Además, yo había leído en alguna parte que el faro podía visitarse y había visto fotos con viajeros. Pregunté en varias agencias y averigüé la razón del malentendido: el que solía aparecer en las guías no era el auténtico faro del fin del mundo, que se denominaba San Juan de Salvamento; sino otro faro distinto llamado Les Eclaireurs, que estaba situado en un islote en el centro del Canal de Beagle y al que era fácil llegar navegando desde Ushuaia. Decepcionado por la noticia, pero contento de poder tocar el faro que había visto en fotos, me dirigí al puerto y elegí una embarcación.

Lo que pasó a continuación resultó extraño. Decidido a evitar una navegación demasiado turística, deseché el catamarán (donde cabían cientos de personas cómodamente sentadas detrás de un cristal) y escogí un sencillo motovelero pescador con capacidad para diez personas. El motovelero se llamaba Tres Marías y estaba pintado de azul. Uno podía entrar y salir de la minúscula cabina del capitán, y el agua comenzó a salpicarnos en cuanto zarpamos. Yo estaba entusiasmado, pero no imaginaba que mi esnobismo aventurero tendría un divertido castigo: a mitad de travesía, el capitán me comunicó que su pequeña embarcación era la única de todo el puerto que no pasaba por el faro Les Eclaireurs, porque ese trayecto estaba muy trillado. «Ya», contesté yo, «pero yo lo que quería era tocar el faro». «En ese caso», contestó el capitán riendo, «ha tenido usted muy mala suerte».

El canal de Beagle estaba sereno y casi no había nubes. Le pregunté al capitán adónde nos dirigíamos, y me contestó que a la isla H. Consulté mis mapas y no pude localizarla. «No se moleste en buscar», dijo, «la isla H sólo la conocemos nosotros». Aquella misteriosa isla que no aparecía en los mapas había sido bautizada por el padre del propio capitán, debido a su curiosa forma: dos mitades unidas por una delgada lengua de tierra. Al pisar la isla observé que su suelo estaba formado por piedras, sedimentos y unas increíbles conchas moradas, las conchas más hermosas que había visto nunca. En la isla H sólo estábamos nosotros y los pájaros. La cima de la isla escondía un panorama inmenso que se perdía hacia los cuatro puntos cardinales. Desde allí avistamos cormoranes, sqúas y un ejemplar de caranca macho inmóvil frente al mar. El capitán se extrañó: dijo que aquellos pájaros iban siempre en parejas, y que si ese ejemplar estaba solo es porque había enviudado y ya no se movería nunca de la orilla de la isla.

Durante el viaje de regreso me recosté sobre la proa. El sol me acariciaba las mejillas y me limpiaba la frente. El rumor de las olas, el zumbido del viento y el sonido del motor formaban juntos una caracola alrededor de mis oídos. Entonces, mientras avanzábamos haciendo ondas sobre el mar, me acordé del faro. ¿Existía realmente? ¿Era acaso posible ver la última luz del mundo? ¿No había sido la isla H una especie de feliz destino? Y, cerrando los ojos, pensé que de algún modo era una suerte no haber alcanzado mi objetivo: ahora tendría que regresar al mundo para seguir buscando.

ANDRÉS NEUMAN
Ideal 5 Diciembre 2004

[editado por Belle el 05-12-2004 a las 14:45]

05-12-2004 a las 14:44
Observador
registrado: 10-12-2004
respuestas: 44

Re: Andrés Neuman

He aquí un doble artículo del autor que puede ser de interés. Todos los artículos de Neuman pueden encontrarse en la Hemeroteca del diario Ideal (www.ideal.es). La Hemeroteca está en la sección Servicios. Ya en el buscador de la Hemeroteca, elegir "Todos" los días de un mes cualquiera y escribir su nombre. Entonces aparecerán los artículos publicados por Neuman en ese mes.


OJO SECRETO
La VL (primera parte)
ANDRÉS NEUMAN/


Mucho se viene hablando de la VD (Violencia Doméstica). Pero, siendo bueno que se hable, no todo lo que se dice contribuye a solucionar el problema. Lo que leemos u oímos sobre el tema sirve tanto para denunciar la situación, como para reflejar (y alimentar) determinados prejuicios colectivos que estamos muy lejos de haber superado y que, tristemente, están entre las causas de esa violencia que se pretende rechazar.

Hace unos días conocimos el asesinato, otro más, de una mujer a manos de su ex marido. El crimen tuvo lugar en la localidad valenciana de Picassent y ha sido ampliamente divulgado. Muchos conocerán la historia: Mercedes se había separado de José en diciembre, y desde entonces él se había dedicado a perseguirla y amenazarla seriamente de muerte. Mercedes, que había tenido tres hijos con el hombre que la mataría, llevaba tiempo buscando protección, evitando andar sola por la calle y poniendo denuncias. Las noticias no siempre concuerdan en este último punto; pero todas coinciden en que, la misma tarde del crimen, ella alertó a la Guardia Civil de que había visto a José siguiéndola y merodeando insistentemente por el chalé de una amiga, en el que ella se encontraba. Mercedes salió del chalé en coche, acompañada de su amiga. Entonces José surgió de los bordes del camino, se interpuso y le disparó con una escopeta de caza.

Al leer la noticia, me chocaron los términos en los que se exponían las circunstancias del crimen, y el modo en el que se referían los detalles. Más tarde, comparando las versiones de los distintos medios de comunicación, me inquietó el repertorio casi unánime de clichés, eufemismos y sobreentendidos que ofrecían. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que, en su insistencia, estos conceptos subliminales terminan siendo asimilados por los lectores. Por esa razón, tal vez sería urgente acuñar unas nuevas siglas para denominar estas contribuciones al clima general: por ejemplo, VL (Violencia Lingüística).

Por empezar, resulta insólita la reticencia de los medios a la hora de emplear una palabra tan sencilla como clara: 'crimen'. En lugar de crimen o asesinato, casi todos se las arreglaban para hablar de 'suceso', 'desgracia', 'tragedia', etcétera: como si se tratase de una lamentable casualidad, un penoso accidente o -peor aún- una historia de amor malograda. No menos sorprendente me pareció la calificación que Mercedes y José, víctima y asesino, le merecían a los redactores: pese a llevar ocho meses separados, seguían siendo una 'pareja'. Poco importaba que incluso estuvieran en marcha los trámites formales: su alianza, por lo visto, era indestructible.

Tanto los periódicos más conservadores como los supuestamente progresistas repetían las mismas paradojas, tan sintomáticas como contraproducentes. «La pareja había iniciado los trámites de separación el pasado mes de diciembre y, a partir de ese momento, fueron numerosas las amenazas de muerte...» Si estaban separándose desde hacía tiempo, ya ni siquiera convivían y encima él la amenazaba, ¿por qué debían seguir siendo una pareja? ¿Formar una pareja constituye un acto de amor voluntario, o un absoluto irrenunciable? ¿Es una boda un contrato de pertenencia? A juzgar por los titulares, sí: «Un hombre mata a su mujer...» ¿'Su' mujer? ¿Es que era suya? ¿Y además todavía? «La víctima y el agresor se encontraban separados desde las pasadas Navidades, si bien se desconoce si legalmente...» ¿Era José un 'agresor'? ¿Que te asesinen con una escopeta se considera una simple agresión? Me imagino que, entonces, una buena paliza es una falta leve, casi una broma sin importancia. Y ahora les ruego que relean la cita anterior: «si bien se desconoce si legalmente...» ¿Qué demonios significa ese 'si bien'? ¿Debemos entender que se trataba de un atenuante? ¿Que, hasta que la justicia no hubiese dado por oficialmente finalizado los trámites, José mantenía -digamos- ciertos derechos físicos sobre Mercedes?

En opinión de todos los medios, José seguía siendo el esposo de Mercedes: «Su marido, de 40 años, le quitó la vida con una escopeta de caza...» Parece que nos gusta que haya amores que maten. Esté o no separada, se ame o no, una pareja será siempre una pareja. Aplicando esa lógica a la inversa, quienes no celebren una boda nunca conseguirán serlo por mucho que se empeñen. En mi opinión, este concepto posesivo de los lazos conyugales y esta visión esencialista de los vínculos familiares es una de las causas de la llamada violencia doméstica. Al fin y al cabo, así es como razona un maltratador: la que fue su mujer, le pertenece para siempre. Un periódico de máxima difusión calificó a José de «parricida», lo cual resulta doblemente discutible: no sólo porque, en general, este término se aplique más bien a quienes asesinan a su padre o a su madre; sino porque, además, se refiere en todos los casos a la muerte de un pariente próximo. Pero, ¿es un cónyuge exactamente un 'pariente'? ¿Cuáles son los límites de la institución familiar?

Nuestro lenguaje nunca es exacto ni inocente. Por eso la VL que se ejerce a diario no es sólo una cuestión de forma: es parte del problema. La próxima semana veremos cómo este idioma equívoco no es, ni mucho menos, patrimonio exclusivo de los medios de comunicación. Y cómo las familias, por desgracia, son las primeras en adoptarlo.



(publicado en el Diario Ideal de Granada, 8 de agosto)

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Observador

10-12-2004 a las 11:25
Observador
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segunda parte del artículo sobre la Violencia Doméstica

OJO SECRETO
La VL (segunda parte)
ANDRÉS NEUMAN/

La semana pasada me detuve en uno de los -por desgracia- frecuentes asesinatos de una mujer a manos de su ex marido. Este último caso había sucedido en Picassent, Valencia, y sus tristes protagonistas eran Mercedes y José. Ella había decidido empezar una nueva vida en diciembre, pero desde entonces él la persiguió y amenazó reiteradamente, hasta terminar disparándole con una escopeta. Visto con detenimiento, el terrible desenlace no tuvo nada de sorprendente, salvo las propias declaraciones de algunos allegados y el tratamiento contraproducente que los medios de comunicación siguen dándole a esta clase de noticias.

La Violencia Lingüística o VL consistiría en eso: en la divulgación de conceptos que, de forma subliminal, contribuyen a mantener las cosas como están y los roles de género donde siempre estuvieron. Refinada y paradójica variante del machismo contemporáneo, la VL es especialmente dañina porque actúa cuando menos se la espera, mientras todos estamos con la guardia baja y el espíritu crítico anonadado: precisamente durante las denuncias de la violencia contra las mujeres.

Los medios de comunicación no son los portadores exclusivos de la VL. Al leer las diferentes noticias sobre el asesinato de Mercedes, algunas opiniones cercanas me produjeron escalofríos. La cuñada de la víctima declaró (creyendo denigrar al asesino) que, aunque José había anunciado varias veces que la mataría, «nadie lo tomó en cuenta porque era muy cobarde». Este razonamiento es bastante habitual y, en definitiva, nos lleva a una monstruosa deducción: ser capaz de matar a tu ex mujer sería, más que nada, una cuestión de valentía. Eso pareciera pensar la cuñada de Mercedes, pero no sólo ella: de sus declaraciones también se infiere que había otros familiares enterados del acoso de José, aunque ninguno le hizo demasiado caso. Y es curioso, porque, a juzgar por sus denuncias y su confesado temor a salir sola, la víctima parecía tomárselo muy en serio. Sospecho que esta clase de negligencias explican con aterradora claridad no sólo cómo se forman muchos matrimonios y cómo estos educan a sus hijos, sino también cómo reaccionan muchos jueces y policías al conocer las denuncias. Todavía es frecuente escuchar a mujeres golpeadas repitiendo eso de que «mi marido me pega lo normal». Al parecer hay otros hombres que amenazan 'lo normal'.

Normal: así es como, una vez más, un vecino definía al asesino. «Una persona normal y corriente». Aunque, según ese mismo vecino, tras la separación José «ya no era el mismo». Otros vecinos asienten: cuando su mujer decidió dejarlo, el asesino simplemente «perdió la cabeza». ¿Qué cómoda nos resulta la locura para no tener que analizar las perversiones de nuestra cordura! «José cambió mucho. Estaba destrozado». ¿Entonces fue una simple cuestión de despecho mal llevado? ¿Cómo es posible que cada año se produzcan tantos despechos mortales? Conociendo las impresiones de sus paisanos, cualquiera diría que, antes de separarse, Mercedes y José formaban una pareja perfecta o por lo menos 'normal'. Me pregunto por qué entonces ella puso tanto empeño en separarse de él. El primer vecino admite que sabía que «ella estaba mal, que él la increpaba y la acosaba»; sin embargo, a pesar de estos preocupantes indicios, la muerte de Mercedes lo ha dejado «sorprendidísimo». Otro periódico nos confirma que «todo el vecindario conocía el acoso que sufría la mujer... El hombre perseguía a su esposa por todos los sitios y hacía guardia cerca de su casa... Se dedicó a insultar y amenazar a su mujer desde la calle...» No era ningún secreto, entonces. Por lo visto medio pueblo, media familia y hasta la Guardia Civil, consideraban que José amenazaba a Mercedes lo normal.

Inmediatamente después del asesinato, y tras celebrar un pleno extraordinario, cientos de vecinos de Picassent se concentraron en la plaza del pueblo para expresar su repulsa. El problema es que, con la violencia de género, sólo nos escandalizamos al final del proceso. El pleno fue extraordinario, pero el asesino era normal. El crimen había sido inaceptable, aunque esa familia (y tantas otras) eran más o menos como todas. ¿Exactamente contra qué fenómeno se manifestó la gente ante el Ayuntamiento de Picassent? Según todos los periódicos, contra la «violencia doméstica». ¿No constituye un extraño eufemismo llamar apenas 'violencia' a un asesinato a quemarropa? ¿No resulta chocante seguir calificando de 'doméstico' un problema que le incumbe a toda nuestra institución familiar y a la sociedad en su conjunto?

Por lo general, la VL se ejerce sin verdadera consciencia de estar haciéndolo. Pero de eso se trata: de empezar a hacernos cargo de nuestro lenguaje, de responsabilizarnos de las ideas que transmite, y de intentar modificarlas. Los casos como el de Picassent, aun cuando no acaben en asesinato, no son asuntos 'domésticos': no es lo mismo maltratar a nuestro gato que matar a nuestro cónyuge. La crisis tampoco se limita estrictamente a la familia: sus raíces, sus causas (y las posibles soluciones) no son las mismas que las de la violencia contra hijos, abuelas o maridos.

No hay 'maltrato' que valga. Maltratar, nos maltratan algunos taxistas o ciertos camareros. Los asesinos de sus esposas cometen crímenes, que es un delito grave o una acción voluntaria de herir o matar a alguien. Asociado a la violencia, el adjetivo 'doméstico' desliza una connotación menor, casi comprensiva: un asunto privado y sin excesiva importancia. Si para colmo hablamos de violencia de género y de la situación de la mujer, la palabrita de marras nos retrotrae a su función tradicional y a las benditas tareas del hogar. 'Violencia doméstica': una cruz hecha a la medida de las sumisas amas de casa. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante definición? A lo peor, a alguna pretendida feminista. Pero el feminismo no consiste tan sólo en hablar de la mujer, sino en pensar modelos distintos de mujeres y de hombres.

Es de suma importancia educar desde todas las instancias, desde la familiar hasta la pública, desde los padres hasta los periódicos. El lenguaje educa y refleja, nos representa y nos moldea. Por eso uno preferiría que se hablase de asesinatos y no de vagas violencias; de problemas concretos de género, y no simplemente domésticos. La denominada VD, con su confuso e innecesario parecido a las siglas de nuestro audiovisual DVD, me hace pensar que iría siendo hora de elegir de una vez la versión original de los problemas. Los crímenes de género, atrocidades específicas dentro de la barbarie general, merecen ese esfuerzo de los espectadores.


(publicado en el Diario Ideal de Granada, 15 de agosto)

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Observador

10-12-2004 a las 11:26
Observador
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Neuman, sobre Roberto Bolaño

He encontrado también este otro artículo que recuerda la figura de Bolaño, publicado cuando se cumplió un año exacto de su desaparición. Podría valer también para incluirlo en el tema abierto de 2666 y de Bolaño. Saludos de Observador y enhorabuena por el foro.



OJO SECRETO
Un año sin Bolaño
ANDRÉS NEUMAN/

Esta semana se ha cumplido un año de la desaparición de Roberto Bolaño, el gran escritor chileno. Aunque, pensándolo bien, no estoy seguro de que fuera chileno o de que tuviese una patria exacta. Tampoco sé si es bueno recurrir al eufemismo de la 'desaparición', precisamente cuando hablamos de alguien que supo narrar (y metaforizar con terrible poesía) los crímenes de las dictaduras latinoamericanas. De lo único que estoy seguro es de que hacemos bien recordándolo como un gran escritor.

De todos modos, sí: quizá Bolaño no haya muerto, sino desaparecido. El autor de 'Los detectives salvajes' se fue demasiado joven, en la cumbre de sus facultades. Casi nadie supo de la gravedad de su mal. Y su presencia hoy, tanto en las bibliotecas de sus numerosos lectores como en las vidas de sus desolados amigos, sigue siendo tan intensa que parece que en realidad estuviéramos esperando a que volviera, como si sospechásemos que se ha ido de vacaciones a la Grecia de su amado Arquíloco o a la Rusia de su Tolstói venerado. A Bolaño le divertía la idea de esfumarse, de dar plantones irreverentes en los momentos más inesperados. Una vez, mientras conversábamos por teléfono, me pidió que buscara el periódico y le leyese una noticia sobre la Feria del Libro de Buenos Aires. Extrañado, hice lo que me pedía y me encontré con su foto en primer plano. El texto anunciaba la presencia de Bolaño en Argentina ese mismo día. ¿Lo ves?, dijo entonces Bolaño, ahuecando la voz y hablándome cada vez más lentamente, ¿lo ves?, ahora estoy aquí y ahora estoy allí, esto que escuchas es una grabación, no es más que eso, estaba todo previsto, sabes, así que ahora me marcho, adiós y cuídate, este mensaje se autodestruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno... Y la línea quedó muda, y el teléfono pitando.

Ahora, aparte del recuerdo de sus bromas y de su extraña sabiduría (una sabiduría ruda y a la vez exquisita, mezcla de poeta maldito y de viejo 'cow-boy', de vagabundo y ajedrecista, de París y de Esparta), nos queda su voz. Una voz original y visionaria a la que le quedaba mucho por decir, aunque alcanzó a decirnos mucho. A la impaciente espera de la que viene anunciándose como su obra magna, '2666' (y que lleva camino de convertirse en un libro de culto incluso antes de ser leído), nuestra sed de Bolaño se ha saciado estos dos últimos veranos con dos volúmenes póstumos: 'El gaucho insufrible' y 'Entre paréntesis'. El primero apareció el año pasado, y es un compendio de relatos y ensayos literarios. El interés de estos textos es sin duda desigual (sobre todo comparándolos con los cuentos más brillantes de 'Llamadas telefónicas' o 'Putas asesinas'), pero aun así contiene dos o tres escritos propios de la más alta gracia literaria.

Especialmente impresionante es, a mi gusto, el titulado 'Literatura + enfermedad = enfermedad', verdadero testamento estético y toda una lección de cómo entreverar con naturalidad en un mismo texto los mimbres de una conferencia improvisada, una anécdota autobiográfica y un comentario de texto. Estas veinte sobrecogedoras páginas de Bolaño (tan jocosa como seriamente dedicadas a su hepatólogo) nos hablan de la escritura como una conversación con la muerte, como una lucha desde el centro del malestar. Creo que Bolaño escribió siempre como un moribundo. Un moribundo en busca de salud y dignidad. En un tono cargado de verdad, de humor grave y con eco (como dictado desde el pasillo de un hospital), este breve texto nos propone un viaje por las ganas de viajar, un recorrido por el entusiasmo y la amargura, por la salvación poética de «volver a empezar, aun a sabiendas de que el viaje y los viajeros están condenados».

El segundo libro póstumo, editado por Anagrama hace apenas un mes, es una amplia recopilación de los discursos, artículos de prensa, reseñas y textos de circunstancias que Bolaño publicó en sus últimos cinco años de vida. Y nuevamente aquí, por encima de la urgencia contingente de algunos textos, se eleva con frecuencia el genio rebelde, caprichoso y sagaz de su autor. En 'Entre paréntesis' el lector curioso podrá encontrar al menos diez o veinte piezas reveladoras sobre Chile y su literatura, sobre el exilio, los regresos y los desencuentros, o sugestivos comentarios sobre algunos de los mejores autores españoles y latinoamericanos contemporáneos (desde Javier Cercas a César Aira, pasando por Javier Tomeo, Sergio Pitol, Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán u Olvido García Valdés, entre otros muchos). Así, entre semblanzas de amigos (y enemigos), tentativas de una autobiografía fragmentaria y lecturas de novedades y de clásicos, el volumen avanza hasta cerrarse con una deslumbrante entrevista, publicada en la revista 'Playboy' pocos días antes de su muerte. En un ping-pong hipnótico, y yo diría que conscientemente, Bolaño se autorretrata por última vez. Cada respuesta suya es un aforismo exacto y ocurrente: ¿Con quién le gustaría encontrarse en el más allá? «No creo en el más allá. Si existiera, qué sorpresa. Me matricularía de inmediato en algún curso de Pascal». ¿Qué cosas lo hacen reír a mandíbula batiente? «Las desgracias propias y ajenas». ¿Qué cosas lo hacen llorar? «Lo mismo: las desgracias propias y ajenas». ¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria? «Yo nunca llevo la contraria». ¿El mundo tiene remedio? «El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y ésa es nuestra suerte».

Al contrario de lo que sucede con la mayoría de entrevistas que uno lee, el personaje que nos deja esta postrera entrevista concedida a Mónica Maristain (no por sarcástico menos sincero) se parece bastante al hombre sin afeitar y profundamente emocionado que fue Roberto Bolaño. Declaración de principios en forma de diálogo, última voluntad de vida, este texto se deja leer como excelente literatura autobiográfica. A la pregunta de qué cosas variaron en su carácter al comenzar su enfermedad, Bolaño contesta: «Ninguna. Supe que no era inmortal, lo cual, a los treinta y ocho años, ya iba siendo hora de que lo supiera».


(publicado el 25 de julio en el Diario Ideal de Granada)

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Observador

10-12-2004 a las 11:30
Bett

registrado: 21-03-2004
respuestas: 626

Re: Andrés Neuman

Ayer tuve en mis manos un libro de Neuman: Una vez Argentina. Preferí esperar a comprarlo en otro lugar (como Alejandrina, hasta escuché su voz diciendo "aquí no"). Será el primero para mí. Sus artículos me están entusiasmando. Gracias y bienvenido, Observador. Aprovecho para agradecer a Belle también el haber abierto este hilo y sus aportaciones, y las de otros participantes (spontaneously?).

En la contracubierta de Una vez Argentina había una frase elogiosa de esas que pone la editorial y que suelo leer por encima, pero esta vez me fijé en la firma: Roberto Bolaño (el "hombre sin afeitar y profundamente emocionado", ¡uf!, a mí me siguen impresionando los que son capaces de expresar el batido* de la realidad de esa manera tan natural, aparentemente).

Es curioso cuando los temas coinciden, o se amontonan, no sé: el lenguaje, la opinión, los medios de comunicación, la manipulación, el lenguaje de nuevo. Sobre el tema de la mal llamada (también a mí me chirría el término) "VD", nunca dejaré de elogiar y recomendar la peli de Bollaín, Te doy mis ojos: es lo menos tramposo que he visto en mucho tiempo. Serio, valiente, difícil y terriblemente objetivo.


*Sí, dije batido, no latido, ni batiburrillo. Batido.


Saludos,

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Bett


Diviértete pero no te despistes.

10-12-2004 a las 11:59
Observador
registrado: 10-12-2004
respuestas: 44

sobre 'Te doy mis ojos' (para Bett)

Hola, Bett, y gracias por la bienvenida. Precisamente, y hablando de la VD, de lenguaje, sociedad y arte, he encontrado un artículo de Neuman sobre 'Te doy mis ojos', la peli que mencionas. Creo que de hecho este artículo fue el antecedente de los dos posteriores sobre la "Violencia Lingüística" que colgué el otro día en el foro.

A mí también 'Te doy mis ojos' me pareció una buena película, aunque tal vez, como único reparo, creo que iría haciendo falta contar una historia así en el corazón de la clase media-media, y hasta ilustrada. El maltrato no sólo se da en ámbitos más o menos 'populares' o 'incultos'. Ese es el único punto en que la película tal vez no se atreve a removernos del todo las vísceras... De todos modos, las actuaciones (especialmente la de Tossar) me parecieron espléndidas, y la dirección, impecable. Fue sin duda una de las pelis españolas del año.

Sobre los libros de Neuman, te recomiendo también 'Bariloche' (su primera novela, en Anagrama), y los dos libros de poemas que le he leído: 'El tobogán' (Hiperión) y 'La canción del antílope' (que es el último, creo, en Pre-Textos).

Un saludo de
Observador.

Este era el artículo:


OJO SECRETO


Devuélveme los ojos
Andrés Neuman


Acabamos de saber que ‘Te doy mis ojos’, de Icíar Bollaín, ha obtenido nueve nominaciones para los Goya. Nueve: una por cada musa. La noticia me alegra, no sólo porque se trata de una extraordinaria película, sino porque además supone una oportunísima intervención en el imaginario colectivo. La violencia doméstica está de actualidad, y eso es bueno y también peligroso. Por un lado, uno supone que el debate servirá de denuncia; pero, por otro lado, no hay cuestión que pase al centro urgente de la opinión pública sin convertirse en carne de sensacionalismo. Voraz en sus despliegues, la tentación mediática suele confundir la desesperación del VD (Violencia Doméstica) con la espectacularidad del DVD.

El pasado 25 de noviembre se celebró el Día Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres, que ha servido como eje de una serie de actividades y manifestaciones. Aunque suelo desconfiar de las fechas excepcionales, ésta me parece tristemente necesaria: no estamos ante una ola de simples delitos, sino ante un complejo problema donde intervienen la educación, la familia, la ley, la opinión pública y hasta la economía laboral. Como estamos en pleno estado de nervios informativos, casi todos los días se hacen públicos enfoques aberrantes y dudosas conclusiones. No es el caso de la película de Icíar Bollaín, que indaga con sensibilidad e inteligencia en los mecanismos profundos del maltrato. ¿Qué clase de desequilibrios llevan a alguien a atentar contra la persona amada, y a la otra persona a dejarse destruir por un amor enfermo? ‘Te doy mis ojos’ no aborda un mero problema de pareja sino una enfermedad cotidiana muy necesitada de terapias simbólicas. Puede que ciertos cambios sociales no avancen todo lo rápido que debieran, pero me temo que los aprendizajes íntimos que facilitarían su implantación van todavía más despacio. La directora muestra la opresiva ausencia de modelos masculinos diferentes. La primera víctima, qué duda cabe, es ella; pero -y aquí se oculta el otro cabo- el maltratador también es víctima de sí mismo, de su incapacidad para entender unos roles igualitarios y -nunca mejor dicho- de su propia impotencia para transformarse.

El patriarcado aliena a ambos sexos. Muchos hombres hemos percibido algo así a lo largo de nuestro aprendizaje emocional. Por eso me agradan iniciativas como la del Grupo de Hombres de Granada, una asociación que busca fomentar una identidad masculina desligada de los valores tradicionales. Ésa es la revolución pendiente: no se trata de aceptar cortésmente que el papel de la mujer ha cambiado, sino de comprender que nuestro sexo también necesita cambiar sus premisas y revisar sus funciones. Leo que han aumentado los casos de violencia entre los jóvenes, y que el número de denuncias por maltrato va en ascenso. Podríamos suponer, con laborioso optimismo, que esto se debe a que cada vez más mujeres se atreven a efectuar las denuncias. Pero si unimos ambas estadísticas se hace difícil no concluir que, cuando los cambios no se efectúan de manera completa, los peores síntomas pueden recrudecerse.

Por eso, y por motivos estrictamente cinematográficos, recomendaría a todo el mundo que fuese a ver la excelente película de Icíar Bollaín. ‘Te doy mis ojos’ es una metáfora sobre la mirada, los intercambios y la identidad de género. Al entregar sus ojos, su mirada propia, la protagonista pierde la capacidad de ver a qué clase de hombre ama realmente. Al reclamar los ojos de su amada, el hombre evita ser mirado: los ojos ciegos de la costumbre vuelven invisible cualquier atropello. Pero el conflicto surge tras una breve separación, cuando ella (quizás algo sobreactuada o esquemática en su interpretación) recupera la mirada. Esto obliga al esposo (un medido, magistral Luis Tosar) a verse en el espejo. Y así, al cambiar el juego de miradas, se desata también la tragedia interior. Acorralado por su miedo a la inferioridad, él intenta cambiar pero intuye que no estará a la altura del hombre que su esposa necesita. Ella, mientras tanto, siente que no es la misma y vislumbra un horizonte en el que ya no caben más humillaciones. La película muestra cómo la mujer está cambiando de lugar (y debe seguir haciéndolo), pero también cómo el hombre precisa mirarse y ser mirado de muy otra manera. En vez de conformarse compadeciendo a la víctima, Icíar Bollaín ha tenido el extraordinario acierto de analizar al agresor, intentando averiguar qué siente, cómo piensa y por qué actúa. Su personaje no es un monigote odioso: es una persona profundamente equivocada, con momentos de ternura y momentos de monstruo, tan desamparado como destructivo. Era lo más incómodo. También lo más fructífero.

El mes pasado, en la presentación de los actos del 25 de noviembre, intervino Carmen Bernal, diseñadora del cartel. Artista digna de otra película, Carmen quedó tetrapléjica tras ser apuñalada y atropellada por su marido, al que había denunciado por malos tratos. Desde hace ya catorce años, ella se gana la vida pintando con la boca. Su cartel se titula ‘Escondido entre los girasoles’ e ilustra una belleza oculta, una fuerza de luz más allá de las guadañas. Supongo que, en su día, también Carmen le entregó los ojos a quien sólo se merecía las rejas. Pero, gracias al sol, nadie pudo quitarle su boca. Su hermosa boca que hoy dibuja mundos diferentes, y que no se ha callado.


(publicado en el diario Ideal, 14 de diciembre de 2003)

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10-12-2004 a las 23:25
Bett

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respuestas: 626

Yo no quería, ha sido él

Sigue en Del Resto, porque al verlo colgado, me di cuenta de que se me escapaba del hilo de Neuman en este bloque, que no de sus temas...

[editado por Bett el 11-12-2004 a las 04:51]

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Bett


Diviértete pero no te despistes.

11-12-2004 a las 04:04
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una más sobre la VD y la peli

Estoy de acuerdo con mucho de lo que expones, Bett. Pero, fíjate: en un momento dices que los personajes de 'Te doy mis ojos' son como "lo que más hay, lo que se llama 'gente sencilla', con problemas económicos, chiquillos que vestir y alimentar, un sueldo justito, cuando lo hay, inseguridad por el futuro, formación limitada. Es donde más gente se puede ver reflejada o ver reflejados casos que conocen". Ay, amiga, pero, ¿quién se ve reflejado? ¿La gente que va al cine a ver a los jóvenes directores españoles? ¿De vedad crees que la clase trabajadora más pura y dura es la que sigue a Icíar Bollaín y luego debate en foros como estos? A mí me parece que esa gente que dices que se "reflejaría" en la peli, más bien va a ver las de Will Smith o las comedias con Cameron Díaz, no sé si me explico. Por eso te digo que, aunque la historia me pareció muy bien contada y me gustó, me queda la sensación de siempre: "¡qué bien que no somos como 'ellos'! ¡Qué alivio tener "una formación" y poder hablar de los casos ajenos y todo eso!" Y la conciencia tranquila. Pero resulta que, aunque nos duela, las estadísticas recientes muestran que la formación universitaria (cosa que no tiene ninguno de los dos protas de la peli) apenas incide postivamente en la violencia de género. Por eso habría preferido, no digo un conde, sino un médico. Y no una ejecutiva, pero tampoco un ama de casa con pocos estudios...

Luego dices "claro que también existe el fenómeno en las clases altas"... Y es entonces cuando te saltas lo que hay en medio, amiga mía: varios millones de personas, millones como tú o como yo, más o menos formadas y con relativo poder adquisitivo. Y dentro de esa clase, que es la nuestra, también hay muchos casos de discriminación y de maltrato que deberían analizarse. ¿Por qué? Porque, como bien dice Neuman en su artículo, la educación pasa también por pensar de nuevo nuestras relaciones afectivas y nuestros roles. Y eso no se aprende ni en una empresa de alto standing, ni en la Facultad de Ingeniería, ni en un cajero automático.

Por último, otro argumento que no comparto del todo es el de que, si la peli fuese más de clase media-alta, "existiría otro problema: cuando una mujer acomodada aguanta los malos tratos, es más fácil para los demás culpabilizar a la víctima: esa es capaz de aguantar lo que sea por no perder su status". Ya, Bett, pero eso también lo podrían decir de las familias más populares, porque en esos casos la mujer no suele tener autonomía económica ni un trabajo propio y depende del marido... De hecho, eso es un obstáculo más que se suma al miedo de denunciar, la inseguirdad policial, etc...

En fin, que es un tema muuuuy complicado, y que nadie tiene la última palabra. En cualquier caso, me parece interesante que hayamos debatido un poco esto al hilo de los artículos y al hilo de todo un poco. Suerte con tus lecturas y que siga el baile. Yo, a currar, que salgo de viaje mañana. Saludos.

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11-12-2004 a las 04:58
Belle

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Re: Lennon en el espejo con Diamantes

Lennon en el espejo con diamantes
NEUMAN/

El problema de los mitos, y también su virtud, es que no necesitan estar vivos. Sobreviven en la intimidad ajena. Llevan una segunda y extraña existencia que los engrandece mientras los va borrando. Los mitos son un espejo. He ahí su trágica eternidad: su rostro se parece demasiado al de quienes lo contemplan.

Esta semana se ha cumplido un nuevo aniversario de la muerte de John Lennon. Miro su cara borrosa y pienso: ¿cuánto queda de símbolo pacifista en su figura? A mí, a estas alturas, me parece que poco. Sin embargo, busco foros sobre los Beatles en la Red, elijo uno al azar y lo primero que me encuentro es el mensaje de una chica que, bajo el seudónimo de Anna Lennon, se muestra indignada por los recientes rumores acerca de las presuntas donaciones que Lennon habría hecho al IRA y otras agrupaciones afines. La bienintencionada fan replica: «¿cómo podemos decir que apoyó a unos asesinos, si él mismo murió por la paz?» Y se despide: «John Lennon in my heart forever». Cuando una imagen habita en nuestro corazón, ¿cómo atreverse a traspasarla con una aguja?

No tengo forma de demostrar que Lennon colaborase o no con el IRA. Lo que sí nos consta es que (al igual que McCartney) expresó su apoyo a la causa nacionalista irlandesa, y que en su disco 'Some time in New York City' incluyó dos canciones que aludían al Domingo Sangriento del 72, cuando trece manifestantes pacíficos murieron acribillados en Derry por el ejército británico. En aquella ocasión, Lennon hizo unas declaraciones nada simplistas: aseguró que, entre la violencia y la paz, prefería sin duda la paz; pero que si debía elegir entre la violencia del ejército británico y la violencia del IRA, escogía esta última, ya que unos tenían ocupada por la fuerza Irlanda del Norte y los otros intentaban liberarse.

Cabe puntualizar que en los 70 la situación en Irlanda era dramática, y que las reivindicaciones del nacionalismo republicano irlandés poco tenían que ver con las de ETA, por ejemplo. Aun así, la postura de Lennon frente a las revoluciones violentas nunca fue ingenua. Junto a sus tempranas críticas a la guerra de Vietnam (tan incómodas para los intereses discográficos de Los Beatles en Estados Unidos) y a canciones como 'Give peace a chance' o la todavía hermosa 'Imagine', podríamos recordar cómo en 1968 Lennon compuso dos versiones distintas de 'Revolution'. En la primera versión, la canción decía: «todos queremos cambiar el mundo, pero si me hablas de destrucción, no cuentes conmigo». En la segunda, grabada meses después, Lennon matizó: «...no cuentes conmigo... o sí». Más que una contradicción caprichosa, yo lo veo como un acto de sinceridad.

Más allá de sus boutades o del cándido exhibicionismo de la cama de la paz, hubo gestos públicos de Lennon que siguen pareciéndome de vanguardia. Mientras hoy futbolistas, cantantes e ilustres ex-hippies se dan tortas por recibir la Medalla del Imperio Británico, conviene recordar que Lennon devolvió su medalla por correo. También fue uno de los primeros clásicos del rock en componer una canción (bastante buena, por cierto) acerca de la explotación conyugal de la mujer: 'Woman is the nigger of the world'. Más que un santo, un mártir o un Gandhi con guitarra, creo que Lennon fue un ciudadano vivamente interesado por su sociedad, con ansias por entender y tomar partido. No todas las estrellas pueden decir lo mismo.

Pero, por mucho que nos empeñemos, sólo tenemos medio retrato de Lennon que leer y releer. Su abrupto final condiciona nuestra mirada, nuestras lágrimas y hasta nuestras disculpas. Hay quien conjetura que Lennon fue eliminado por el Gobierno americano, que había llegado a negarle la residencia en el país a causa de su activismo político y su oposición a Nixon. Esta teoría conspirativa olvida que en sus últimos años Lennon consiguió vivir tranquilamente en Nueva York, y que en 1980 el presidente de turno era el demócrata Carter. Quizá nos decepciona la verdad, tantas veces más cercana al absurdo que a la epopeya: que fue un enfermo mental, un perturbado y aciago seguidor de Lennon, el que acabó con él para empezar el mito.

En este sentido, pertenezco a una generación desconcertada: la que no fue consciente de que Lennon había muerto cuando lo asesinaron, y que ha tenido que reconstruir sus días fuera de contexto y su música en una habitación a solas. Hemos tenido que guardar un luto retrospectivo e inventar nuestros propios funerales. Después de todo, el experimento no ha salido tan mal: se lo sigue escuchando con admiración, como pude comprobar el pasado miércoles en el bar La Tertulia, donde jóvenes cantantes y poetas de Granada le rendimos homenaje.

La estética de Lennon siempre tendrá un punto indescifrable porque está hecha de contrastes. No sólo compuso himnos al amor como 'The word' o 'All you need is love'; sino también canciones desgarradoras como 'Yer Blues', o de cáustica psicodelia como 'A day in the life'. Lennon te agrede y te mima, te susurra y te aúlla. Lo mismo te deprime con la desgana de 'I'm so tired', que te conmueve con el balbuceo de 'Julia'. A esa mezcla de rabia y de ternura, de surrealismo y elementalidad, es difícil resistirse. Aunque no hayas vivido los sesenta.

También la gente de mi edad ha aprendido a chapurrear inglés o a rasguear la guitarra con los Beatles, clásicos geniales. De ahí a convertir a Lennon en un héroe hay un abismo que -imagino- ni siquiera a él le apetecía cruzar. Pocos días antes de morir por culpa de un mitómano con pistola, John había declarado en su última entrevista: «Detesto a los que insisten en que es mejor quemarse que marchitarse. Es mejor marchitarse poco a poco. No aprecio esa veneración estúpida por los héroes difuntos. Yo venero a la gente que sobrevive. Me quedo, por supuesto, con los vivos». Por muchos diamantes que pretendan colgarle a su retrato, el último Lennon fue un hombre lúcido que quería, sencillamente, hacerse viejo sin dolor.

Este año Lennon hubiera cumplido 64, como dice aquella canción de su amado rival McCartney. Feliz cumpleaños para Lennon, entonces, si es que aún está allí. Aunque, por supuesto, él ni está «allí» ni quiere.

Ideal Digital 12 Diciembre 2004

12-12-2004 a las 12:05
DELLWOOD
registrado: 26-10-2004
respuestas: 35

Re: Andrés Neuman

He leído muy superficialmente los textos de Neuman y en cuanto tenga tiempo pienso leerlos con mayor detenimiento. Mientras tanto, y como alguien esperaba por ahí alguna reflexión sobre los que es literatura, aporto el siguiente texto:

Según el Diccionario Crítico Etimológico de J. Corominas, literatura es un cultismo del latín Litteratura, conjunto de saberes sobre el arte de escribir y leer; pero será en el S. XVIII cuando el término acuse una evolución semántica por la cual pasa a designar no sólo la cultura del hombre de letras sino también la actividad de éste mismo.

Robert Escarpit, en su conocido análisis sobre la Definición del término Literatura, constata que la palabra no fue utilizada en inglés, castellano, italiano o francés antes del S. XV, aunque sí hace notar que literatura es tanto el fenómeno intelectual escrito como la creación estética verbal.

En un diccionario como el de la Real Academia Española de la Lengua, DRAE, encontramos las siguientes acepciones:
1.Arte que emplea como medio de expresión una lengua.
2.Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género. (Literatura griega, Literatura del S. XV)
3.Conjunto de obras que versan sobre un arte o ciencia (Literatura jurídica)
4.Tratado en el que se exponen estos conocimientos.

Por lo tanto, si es literatura toda obra estética de expresión verbal, oral o escrita, podríamos pensar que un Manual de Ornitología bien escrito sería literatura, mientras que a ninguno de nosotros se nos ocurriría pensar que sería Arte. Es por eso que hay que discernir entre el lenguaje literario y no literario, pues esa distinción lo que distingue los escritos meramente comunicativos de los artísticos-.

Roman Jakobson, en Closing Statements: Linguistics and Poetics (1960) caracteriza el lenguaje literario como la comunicación verbal en la que ocurren seis funciones básicas.

1. Función emotiva, o expresiva, del emisor del mensaje.
2. Función apelativa, pues es necesaria la existencia de un receptor, susceptible de influencias en su modo de pensar y comportarse al asimilar el mensaje.
3. Función informativa, consistente en la trasmisión de un saber.
4. Función fática, cuyo objeto es la de establecer o interrumpir o prolongar la comunicación.
5. Función metalingüística, referente al lenguaje sobre el lenguaje y
6. Función poética, en la cual el lenguaje crea, de forma imaginaria, su propia realidad. Es esta función la preponderante en el uso literario de la palabra, ya que recoge semánticamente todas las referencias históricas de las palabras que relacionan los conceptos.

Otra forma de definir el lenguaje literario es contrastarlo con el lenguaje científico considerando que el primero se caracteriza por ser connotativo y el segundo, denotativo.

Si partimos, como Saussure, de que las lenguas son combinaciones de signos lingüísticos en los cuales a un significado se le atribuye un significante, y viceversa, en el lenguaje literario la configuración representativa del signo es ilimitada y repleta de connotaciones, es decir, plurisignificativo, tomando dicha plurisignificación desde dos puntos de vista, diacronicamente (sigificación que recopila la trayectoria del uso histórico de las palabras) y sincronicamente (significación en base a las relaciones conceptuales, imaginativas, rítmicas, etc., que contrae la palabra con los demás elementos de su contexto verbal, pues la obra literaria es una estructura en la que todos sus elementos están relacionados, y la palabra sólo adquiere su valor integrada en esta unidad estructural.) En el lenguaje científico, por el contrario, el carácter connotativo es sustituído por el denotativo, o lo que es lo mismo, el signo lingüístico tiende a una relación recíprocamente universal entre significado y significante, nos remite directamente a la cosa designada, sin permitirse ambigüedades de ningún tipo.

Tomando en cuenta las características del lenguaje literario, parece que no se distingue del lenguaje cotidiano, pero no es así, pues en la forma de hablar coloquial sólo importa el significado, no el significante, mientras que en el literario, por ejemplo, el significante es de vital importancia para, la musicalidad de una poesía en la que se escogen escrupulosamente las palabras según sus fonemas.

Por tanto, sería literatura la obra estética en la cual la palabra , recogiendo toda su capacidad connotativa, fuera la materia prima y fundamental para comunicar una FICCIÓN que cumpliría unas funciones , no un mero mensaje sin más objeto que comunicar.

Pero las cosas no sólo son lo que son, sino para lo que sirven. Las cosas que existen se nombran por la necesidad de nombrarlas, esto es, porque hay que usarlas. Es así que la literatura será aquello para lo que sirva-La naturaleza de las cosas emana de su utilidad, dice Wellek y Warren, los teóricos de la literatura más influyentes del S. XX.

Sin embargo, en el curso de la historia, las concepciones sobre la naturaleza y la función de la Literatura han ido cambiando. Así, si nos remontamos al mundo griego, -- con Hesíodo, Esquilo o incluso Homero—Literatura, Filosofía y Religión son materias que coexisten sin apenas diferenciaciones entre sí, son disciplinas en las que los valores estéticos de una obra literaria sirven como fundamentos teológicos que unifican una sociedad. Pero, en el Renacimiento, se populariza la doctrina por la cual la poesía deleita enseñando o enseña deleitando. Mientras que en el s. XIX, con las teorías del Arte por el Arte, Oscar Wilde nos dice, en el prólogo al “Retrato de D. Grey “ que el Arte es completamente inútil. Según Aguiar, quienes niegan la identificación de la belleza con lo útil es ya una postura intelectual que tiene como fin propagar el escepticismo ante el progreso de la ciencia y la técnica por considerarlas susceptibles de eclipsar los valores humanos. Y , además, el arte que sólo es bello, ofrece su belleza para la evasión, la fuga del yo, tanto del yo del escritor como el yo del lector. Según Aguiar, un escritor puede tener conflictos en la sociedad y problemas íntimos que lo inducen a convertir la literatura en su propia religión, buscando de forma idealista la perfección en épocas lejanas o costumbres exóticas de países lejanos, incluso rememorando su infancia o creando personajes que serían su Yo perfecto. Y lo mismo ocurre con el lector.

Aunque con reservas, W. Y W. sostienen que la historia de la estética puede resumirse como una dialéctica en que la tesis y la antítesis se reducen al dulce y utile de Horacio en “Ars Poetica”; Horacio, gran poeta didáctico y satírico de la literatura clásica latina, entiende como Dialéctica “ el proceso de transformación en el que dos opuestos, tesis y antítesis, se resuelven en una forma superior o síntesis”. (DRAE) Así, el que la Poesía sea un placer, una deleitación, se contrapone a que también es instrucción; es decir, juego y trabajo. Dulce equivale a no tedioso, no obligatorio, algo que se recompensa por sí mismo. Útil equivale a lo que no sea desperdicio de tiempo, algo que nos lleve a algo en beneficio nuestro. W. y W. ,de todas formas, dicen que esta dual definición podría ser sólo aplicable a la alta literatura, no a la infraliteratura, pues ésta es considerada literatura de evasión y entretenimiento, mientras que los matices de placer y utilidad deben de coexistir y fundirse en la literatura con mayúsculas, pues el placer de la literatura es contemplativo, esto es, superior, y la utilidad es una seriedad estética-

De todos modos, los autores de “Teoría Literaria” se preguntan, a modo de cuestión fundamental, si es una la función de la literatura, o si son varias, o si sólo es una amalgama de filosofía, historia, música e imaginación.

Si bien Aristóteles, en su obra “Poética”, ya decía que la poesía es más filosófica que la historia, pues la historia cuenta cosas ocurridas y la poesía las refiere como podrían haber ocurrido, y si bien teóricos neoclásicos como Samuel Jonson aún hablan de la literatura como una grande generalidad, los teóricos modernos, y de distintas escuelas, subrayan el carácter particular de la poesía. Ponen como ejemplo que el Otelo de Shakespeare no trata de los celos, sino de los celos de Otelo, y aun es más, de la determinada clase de celos que puede sentir un moro casado con una veneciana. Por un lado podemos decir que la literatura es más general que la historia y la biografía, pero más particularista que la psicología o la sociología. Un dramaturgo tiene que caracterizar psicológicamente a sus personajes, que se desenvuelven en un ambiente determinado, pero un historiador puede buscar en una obra de teatro los rasgos sociológicos de determinada época. De igual manera, la verdad filosófica de la literatura sólo es la verdad en la literatura, como algo aplicado, no sistemático; dan como ejemplo que la verdad que Dante propone sólo es la verdad de la teología católica y la filosofía escolástica. Esto se explica porque las Artes no ofrecen verdades experimentales como las ciencias. Las primeras, ilustran y las segundas ofrecen modelos discursivos.

El que el Arte sea intuición de la verdad sólo significa que el artista no es un descubridor, sino un vendedor persuasivo de la verdad, lo cual es, a su vez, propaganda. Si éste término, a niveles coloquiales, es peyorativo porque implica cálculo e intención, cabe decir que hay un tipo de literatura, la mala, que es propaganda, mientras que una literatura buena nunca puede serlo. De todos modos, si definimos propaganda como esfuerzo consciente o inconsciente para influir en actitudes hacia la vida, todos los artistas son propagandistas y toda literatura debe de ser comprometida con una causa. Sartre, por ejemplo, escribió una conocida obra, “¿Qué es la Literatura?”, editada en 1948, en la que se plantean tres preguntas: ¿Qué es escribir? ¿Por qué escribir? ¿Para quién escribir? Dichas preguntas son contestadas con el ánimo de integrar la actividad literaria en el ámbito de la revolución marxistas.

Por último, se sostiene que otra función de la literatura es la catarsis, tomando como tal la acepción de liberación de las emociones, calma espiritual. Por un lado, un espectador de una obra de teatro trágica puede sentirse aliviado al ver que no sólo es él quien sufre, mientras que un autor puede liberarse de emociones al trasponerlas de modo verbal sobre un papel, aunque son cuestiones que se tratarán en las relaciones de la literatura con la psicología. Aguiar subraya no confundir la catarsis con la evasión, pues ésta es fuga y olvido, mientras que la catarsis es asunción del dolor y la fatalidad.

A modo de resumen, la función de la literatura es cuestión histórica, generalmente más tratada por moralistas, hombres de Estado y filósofos que por literatos o ciertos teóricos de la literatura y el arte en general, subrayando más su rasgo útil que su rasgo placentero, es decir, atendiendo sólo a la función extrínseca de la literatura, mientras que el rasgo placentero atiende a la función intrínseca de la obra literaria.

Por todo lo cual concluyen Wellek y Warren que las funciones literarias son muchas, y que la primera y principal es ser fiel a su propia naturaleza. Aguiar concluye proponiendo también la pluralidad funcional con estas palabras: “La literatura es vehículo de evasión, pero puede ser también notable instrumento de crítica social. La literatura es instrumento de catarsis, de liberación y de apaciguamientos íntimos, pero es también instrumento de comunicación, apto para dar a conocer a los demás la singularidad de nuestra situación, y capaz de permitir, por tanto, que nos comuniquemos a través de lo que nos separa.”

[editado por DELLWOOD el 18-12-2004 a las 09:53]

18-12-2004 a las 09:43
Belle

registrado: 19-03-2004
respuestas: 764

Re: Andrés Neuman

Siento que no te guste Neuman , Dellwood , pero es que a mí me gusta tanto...

Fantasmas tras la puerta

ANDRÉS NEUMAN

AUNQUE dé pudor reconocerlo, nos hemos acostumbrado a que ese instrumento público que llamamos política se haya convertido en un lenguaje paralelo, autorreferencial y -en definitiva- deshumanizado. En términos parlamentarios, una verdad evidente puede ser una imprudencia. Lo que es una patraña puede convertirse en un principio. Lo que es abyecto puede pasar por comprensible. Cinco siglos después de Maquiavelo, hemos asimilado tan bien la lección pragmática del poder que ya apenas esperamos que la ética intervenga en sus asuntos. Por eso, en las contadas ocasiones en que el factor humano se cruza en el camino de la política, uno no puede evitar la sensación insoportable de que nuestra valiosa democracia ha extraviado el rumbo.

Para que tuviese lugar esa rara y reveladora intersección entre el vector de la política y el vector de la ética, ha hecho falta que entrase en el Congreso un orador ajeno a las altas esferas. Alguien como Pilar Manjón, portavoz de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo y madre de uno de los 192 muertos que provocó el salvaje atentado. En su comparecencia del miércoles ante la comisión investigadora, Manjón leyó un memorable discurso colectivo, una bellísima y terrible partitura de dolor, honestidad e insumisión (que puede leerse completa en la página www.asociacion11m.org, sección comunicados de prensa). En sus diáfanas palabras no hubo ansias de venganza, sarcasmos rencorosos ni excesos de autocompasión. Mantener la sensatez en el luto es un logro de altura, un milagro moral que, de algún modo, nos permite creer un poco más en las posibilidades de la condición humana.

Ofende, pero no extraña, que algunos políticos recelaran de esta intervención: eran palabras destinadas a romper los disimulos. «Hoy hablaremos», dijo Pilar Manjón, «en nombre de personas de carne y hueso». La política suele estar hecha de metales, pólvora o materiales sintéticos; pero rara vez de carne y hueso. «Tras meses de no ser escuchados, hoy, señorías, durante unos minutos, la palabra es nuestra». El discurso de la Asociación 11-M pulsó desde el principio la cuerda más grave, apelando a los comisionados en una zona honda de su propio miedo que ni siquiera la inmunidad diplomática puede proteger. Como un sencillo oráculo, les dijo: «ojalá alguna noche, aunque sea en sueños, ese blindaje ceda y sean ustedes, y quienes a ustedes les mandan, conscientes por uno solo instante del sufrimiento que pudieron provocar con sus decisiones o que no pudieron evitar. Ese solo segundo de clarividencia bastaría para abrirles los ojos al horror».

Porque, tarde o temprano, el horror empieza a hablar. Por eso la compareciente reprochó a los comisionados, que llevan meses discutiendo y acusándose mutuamente, la apropiación indebida «de algo que no es de ustedes», la voz de las víctimas. En asuntos parlamentarios, un político debería hablar en nombre de sus ciudadanos o callar para siempre. Sobre todo cuando una madre rota como Pilar Manjón tuvo fuerzas para ir a votar el 14 de marzo, cuando aún no le habían entregado el cadáver de su hijo. «Son ustedes mi Parlamento. Ustedes me representan a mí y al resto de las víctimas». ¿Y en qué se han ocupado esos representantes? «En su juego partidista, en una política de patio de colegio». O, dicho más crudamente, en una política de nichos profanados.

Con una estremecedora capacidad de síntesis, la portavoz de la asociación (que conforme hablaba se iba convirtiendo también en nuestra voz) sentenció: «En esta comisión han hablado, señorías, de ustedes. Nosotros, nuestros familiares, no han estado en esta casa. Hoy, por primera vez, se hacen un hueco». Y en la casa vacía del Congreso, en la desolada sala de nuestros representantes, se pudo ver cómo cedían las puertas para que al fin entrasen los fantasmas, los personajes reales de esta historia. No Acebes el Sincero, no Aznar el Agraviado, tampoco Rubalcaba el Denunciante, ni siquiera Zapatero el Diligente: las víctimas inmensas con minúscula. Ellas, las que cayeron de verdad; y nosotros, los que pudimos haber caído. «¿De qué se reían, señorías?», preguntó Pilar Manjón, «¿qué jaleaban, qué vitoreaban en esta su comisión?» De qué se reían: esta escueta pregunta perforó las ventanas y -quiero suponer- las conciencias de los comisionados. La política profesional tiene a veces el don siniestro de desdibujar la desgracia, de convertir en ficción las realidades más terribles. Para eso compareció Pilar Manjón. Para que la memoria reciente de nuestro país se llene de sentido. Para que nunca dejen de correr los trenes. Para ser, ante nuestros olvidadizos congresistas, «los molestos testigos del horror».

«Queremos un trato cercano, acérquense a nosotros, el dolor no es contagioso», declaró Manjón. Pero en eso me temo que se equivoca. El dolor sí se contagia. Se transmite colectivamente (como bien sabe el poder) igual que el miedo. A eso, entre otras cosas, le temían los comisionados. A tener que sentir, aunque sólo fuera durante una hora, la verdad del dolor. A tener que presenciarlo de cerca y luego seguir actuando, sordamente, en nombre de los intereses de su agrupación. Pero Pilar Manjón no se limitó a remover las conciencias de sus señorías. También propuso algo que necesitamos muchos españoles: que se cierre esta turbia comisión para poder abrir otra independiente, digna, formada por expertos sin partido, con el objeto de ayudarnos a entender cómo ocurrió el atentado y a evitar que suceda otro parecido. Zapatero, en la primera intervención de su comparecencia, antes de enredarse en la maleza de ataques y contraataques, había hablado de fallos de previsión, de nuevas medidas de seguridad y de reformas internas. Ojalá se tomen decisiones prácticas al respecto.

En cuanto a las mentiras y las ocultaciones, desde luego deberán ser castigadas. Pero en un segundo término. Y sin oportunismos. «Afortunadamente», dijo Pilar Manjón, «fuera de esta Casa aún queda mucho aire fresco y mucha luz bajo el cielo». Si lo dice una madre rota, entonces ha de quedar aire y quedar luz en la tierra que pisamos. «Escúchennos con el corazón más limpio que puedan. Si algo nos aporta este dolor es la máxima lucidez para sentir». Y de este modo el lúcido sentir de las víctimas pudo ser escuchado, los corazones fueron un poco menos sucios y los fantasmas recobraron sus asientos.

Ideal Digital 19 Diciembre 2004

19-12-2004 a las 13:35
Bett

registrado: 21-03-2004
respuestas: 626

Re: Andrés Neuman

Gracias, Belle. Sí, este chico tiene el don: el de poner en palabras justas lo que muchos sentimos, no sólo lo que se piensa. Y todavía no está desesperanzado. Su voz suena fuerte y hermosa.

Aún es domingo.

Saludos,

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Bett


Diviértete pero no te despistes.

19-12-2004 a las 14:07
DELLWOOD
registrado: 26-10-2004
respuestas: 35

Re: Andrés Neuman

Belle,

No sé de dónde sacas que no me gusta. Sólo dije que había leído sus textos de una forma tan superficial que no me permite manifestar aún si es de mi gusto o no, cosa que, bien mirada, eso de andar por ahí diciendo lo que a mí me guste o lo que no, es prescindible a todo nivel, incluso para la crítica impresionista.


De todos modos, lo leeré, a ver qué me cuenta y cómo lo hace.

19-12-2004 a las 15:26
Belle

registrado: 19-03-2004
respuestas: 764

Re: Andrés Neuman

Lo siento , leí tu mensaje antes de que lo editaras y no lo habia releeído , retiro lo dicho , pero ya sabes de dónde lo saqué .

Besito.

19-12-2004 a las 15:28
Observador
registrado: 10-12-2004
respuestas: 44

Re: Andrés Neuman sobre Pilar Manjón

Hola a todos. Me ha gustado mucho el artículo de Neuman sobre Pilar Manjón, y aprecio su intento de dar, en este caso concreto, prioridad a la voz de las víctimas antes que a las barbaridades políticas que han sucedido desde el 11-M. Sigo los artículos dominicales de Neuman desde hace un tiempo por Internet, y me consta que en multitud de ocasiones él ha dado mucha caña al PP (sobre todo hasta que perdió las elecciones). Por eso me ha parecido de buen gusto que no aprovechase la ocasión de Manjón para insistir en ello, respetando lo pedido por la Asociación de Víctimas: no ser utilizada como arma arrojadiza. Aunque haya habido gravísimas manipulaciones del anterior Gobierno que deban ser (secretamente) investigadas, claro.

Por lo demás, propongo que en próximas sesiones comentemos algún libro. Digo, por literaturizar un poco...

Saludos de
Observador.

_________________________________
Observador

20-12-2004 a las 13:00

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